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Los resultados electorales

Nos encontramos en la etapa final del proceso electoral venezolano, conocido como las megaelecciones del 21 de noviembre, en las cuales se estarán disputando 3.082 cargos de elección popular, por más de 70.000 candidatas y candidatos pertenecientes a por lo menos 100 organizaciones con fines políticos que funcionan a nivel nacional, regional y local. Con un importantísimo detalle: la inmensa mayoría son partidos políticos opositores al chavismo gobernante. Resalta una acotación clave, y que el mundo lo sepa: que tendremos la presencia de cientos de observadores electorales, tanto nacionales como internacionales. Además, con la presencia de miles de testigos en las mesas electorales y la supervisión técnica y profesional de un árbitro electoral, representado por el Consejo Nacional Electoral, el cual fue designado este año 2021 por un acuerdo entre las distintas fuerzas políticas venezolanas, en el que se reconoce que es el sistema electoral más auditado del mundo.

Sin embargo, nos encontramos ante una curiosa y contradictoria situación política-electoral en la que prácticamente van a participar todos los partidos políticos de oposición, con una particularidad: muchos de los dirigentes políticos de la ultraderecha más violenta y abstencionista se inscribieron como candidatas y candidatos, pero, hasta ahora, las y los aspirantes del sector opositor no han manifestado de manera pública y contundente que independientemente de ser favorecidos por los votos o salir derrotados van a reconocer los resultados electorales.

Y esa paradójica situación política, en la que participan los sectores opositores, tiene un perverso y manipulador significado: solo van a reconocer los resultados electorales si ganan las elecciones y en caso de perder, lo primero que tienen pautado hacer (según el libreto imperial, que ya está planificado) es gritar la palabra ¡fraude!, acusando a la dictadura chavista de hacer trampas para que ganara el oficialismo.

Todo indica que hay una actitud ambivalente, de acuerdo a los resultados electorales, por parte de la oposición radical “venezolana”, en la que necesitan dar a entender que son unos auténticos demócratas, que defienden el voto como la ruta institucional para lograr la paz. Pero es una farsa.

Politólogo

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