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Malthus, anda suelto

Acaso se podría encontrar malthusianismo en el Coronavirus, como arma de guerra, máxime cuando Noam Chomsky ha escrito que fue de producción humana,que fue creado en laboratorios norteamericanos.

La monstruosidad malthusana está de moda, la nombró Vladimir Putín cuando postuló la deznacificación de Ucrania y China denunció la existencia de 16 laboratorios de materias asesinas en el país de Kiev, con el objetivo de envenenar a Rusia.

La hecatombe malthusiana es la teoría demográfica que profesa que el aumento geométrico de la población es inconciliable con el aumento artimético de la producción alimentaria, algo que determina escasez de alimentos y por tanto hambrunas. Lo canalla está en la solución que propone, no exige producir más alimento,pide matar más seres humanos.

Malthus pronóstico en 1880.Lo importante es hacer inviable la vida de una parte de la poblacion del planeta. En este contexto se ubicaba esta teoría para explicar la intención de desarrollar un virus letal y así diezmar a la población.

Dentro de este análisis, se comenta la de una variante especifica como el VIH (Sida), creado por el Pentágono estadounidense en 1972, como parte de un proyecto llamado MNAOMI y llevado a cabo por el gobierno con el objetivo de reducir la población,especialmente la de los negros. Esta práctica malthusiana fue revelada por el periodista Milthon William Cooper.

Podríamos pensar que la visión malthusiana y neomaltusiana coincide con la idea central del drama de Esquilo “Prometeo Encadenado”. La idea principal de este drama de Esquilo, es que Zeus le niega al género humano el conocimiento y dominio del fuego y lo condena así a la muerte por entropía, por inevitable perdida de calor. La mayor parte de la raza humana debe desaparecer, pretenden los malthusianos y neomaltusianos de hoy, los mismos que aspiran a despoblar el planeta y predican incesantemente sobre los “límites del crecimiento” para que apenas quede un mundo hedonista, despolitizado, un ambiente pulcrísimo y dotado de perfección para el disfrute de los nuevos dioses del Olimpo, para la supervivencia eterna de la raza superior de los eloi, así llamada y descrita en una fábula de H.G. Wells: “La máquina del tiempo”. Insistió Wells siempre, en sus historias y ensayos, en la creación de un Estado mundial. En “El Nuevo Orden Mundial”, que data de 1940, ataca abierta y frontalmente la existencia de Estados nacionales soberanos.  Es de gran interés hacer notar, en este punto, que una buena parte de las élites, ha venido adoptando sin mayor discernimiento el dogma de la necesidad de disminuir la población y detentar el crecimiento de la producción de bienes y servicios capaces de mantener la vida humana, particularmente en los países y regiones que son objeto del pillaje y el saqueo colonial por parte de las grandes potencias imperiales y sus poderosas empresas transnacionales. En el fondo, aquellos que han aceptado tal dogma neomaltusiano sin mayor reflexión, y más bien recurriendo a una buena dosis de superficialidad, no resultan capaces de explicar con claridad sus razones. Se podría alegar que han perdido la aptitud para pensar con sensatez y cautela y verdad.  Simplemente rinden un culto rutinario, supersticioso, servil y pusilánime a los valores e ideas de la casta que se proclama superior, así como imitan sus costumbres, modas, manías y tendencias. Por lo demás, la forma más práctica e inmediata de reducir la población humana no consiste en destruirla directamente por métodos violentos, algunas veces, sino proceder a un sistemático lavado cerebral para convencernos de que debemos eliminarnos a nosotros mismos. ¿No es esto lo que viene a hacer el príncipe Felipe de Edimburgo y el WWF al propagar las viejas ideas de Malthus? Tales ideas fueron antecedidas por Jeremy Bentham y Adam Smith.

Qué prepara el presente? Qué prepara el futuro?

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