Más petróleo, menor inflación

Aun cuando el mensaje del título inclina la frase hacia la perniciosa historia de atar los bajos ritmos alcistas de precios al consumidor, a la abundante importación de bienes y servicios estimulada por los dólares abundantes y baratos de la renta petrolera, su intención, la del título, es destacar que, en medio del criminal bloqueo impuesto por el gobierno de EEUU, Venezuela está logrando levantar la producción petrolera y restarle empuje a la inflación.

El último informe de PDVSA, de fecha 7 de noviembre 2021, registra que la producción petrolera se ubicó en 881,1 mil barriles diarios, MBD, una cifra que, sin incluir los 50 MBD de Liquido de Gas Natural, más que duplica el foso de 356 MBD en el cual había caído la industria  en junio de 2020, por causa de un bloqueo fácilmente aplicable a una industria monolíticamente atada a la dependencia tecnológica, informática, gerencial y hasta de cultura corporativa a los modelos empresas petroleras estadounidenses. Tenía todos los huevos colocados en la misma canasta.

El sostenido avance de la producción petrolera se ubica en el promedio de 857 MBD en octubre, y el esfuerzo y constancia de los trabajadores de PDVSA promete, de no haber los siempre probables obstáculos del bloqueo, cerrar 2021 por encima del millón de barriles diarios.

Tal repunte se debe a que los trabajadores de la industria petrolera vienen aplicando y mostrando inteligencia en la difícil tarea sortear, burlar, esquivar, soslayar, evadir y eludir las ilegales, oprobiosas y sistemáticas sanciones impuestas por las conductas obsesivas del gobierno de EEUU, cuya aplicación extraterritorial  y violatoria de las leyes del comercio internacional obligan a los países sancionados a negociar con bucaneros, piratas, corsarios, alimañas de todo tipo, para poder exportar sus crudos y traer divisas a sus naciones.

En la cadena medular del petróleo, que va desde aguas arriba: explorar y producir; hasta aguas abajo: refinar y vender; todo está integrado, de tal manera que si prohíben a los tanqueros cargar crudo para ser trasladado y vendido en el exterior, de retruque hay que reducir la producción, llenar hasta el tope tanques de almacenamiento, con el agravante de que el estrangulamiento impone vender el petróleo incluso a precios por debajo del mercado, para evitar que la industria se intoxique con su propio petróleo.

Añádase que el petróleo emblema de la industria venezolana es el Merey 16, pesado, lo cual significa que posee un alto contenido de azufre, es más difícil de trasladar por tuberías y más costoso de refinar para la obtención del producto energético más apetecido del planeta: la gasolina.

Antes, sin bloqueo, el Merey 16 era exportado a las refinerías de Citgo ubicadas en la costa de EEUU que da al Golfo de México; ahora, con bloqueo, en su fracasado empeño por derribar al gobierno legítimo de Venezuela, Trump y Guaido le arrebataron a Venezuela la filial de PDVSA y, junto a Biden, se niegan a aceptar el petróleo venezolano

Por ello, además de aprender a negociar y a defenderse de los piratas de alta mar de todas las calañas, los trabajadores de PDVSA han logrado concertar un acuerdo con la Republica de Irán, que consiste en intercambiar petróleo pesado por condensados, nombre de un tipo de crudo muy liviano que puede ser mezclado con el pesado para darle una mayor fluidez que facilite su traslado por tuberías, con el añadido de poder emplearlo en las refinerías para producir gasolina. Tanto así, que la producción del crudo de la Faja se ubica en 522 MBD.

Ahora bien, la otra variable macroeconómica, de altísima incidencia en la economía y afectación en los bolsillos, la inflación, luego de haberse elevado a la escandalosa cifra de 130.000 por ciento en 2018, con vulgares dígitos que superaban el 120 por ciento mensual; cayó a 6,8 por ciento en octubre pasado, el dato más bajo desde abril de 2015, y con ganas de ponerse por debajo de 1.000% en todo 2021.

Al descenso del ritmo alcista de precios al consumidor han acudido la confianza cautivada por la paz que reina en el país, la menor inseguridad en las calles, los espacios de mercados que abandonaron grandes empresas cuyos burgueses, creyentes o apostando la hecatombe, se fueron del país, dejando en libertad a infinidad de iniciativas de producción y comercios para producir y comercializar de todo, desde detergentes, café, harinas de maíz, medicamentos, líneas blancas, hasta electrodomésticos; muchos montados con esfuerzo propios en bolívares, otros con remesas de nacionales en el exterior que hoy miran a Venezuela con ojos diferentes. Y detrás de todos, las políticas económicas de liberalización cambiaria, de reorientación del presupuesto público, menores controles de precios.

“Es probable que a principios de 2022 Venezuela abandone la hiperinflación. Una buena noticia, sin duda. Un factor clave en este proceso es la dolarización, que ha tenido mucho de caos, pero que le ha dado un nuevo dinamismo a la economía venezolana”, exclama y explica el economista Asdrúbal Oliveros, director de la empresa de análisis económicos Ecoanalítica.

Elevar a producción petrolera, reducir la inflación, hacer crecer la economía en medio del caos propio y causado por la sistemática política de desorden desatada por EEUU, demuestra la gran habilidad e inteligencia de los venezolanos.

 

Enlaces patrocinados