Miraflores bajo fobia

La derecha le tiene fobia a Miraflores. Es como una mirafobia o algo así. Quiere llegar a su silla, pero sin combatir en la avenida Urdaneta ni pasar por la mortecina esquina de Bolero. La única vez que se aproximó a la casa del pez que escupe el agua,  no le fue  mal. Hasta un presidente se autojuramentó allí por día y medio.  Solo que en vez de organizarse para ejercer el poder, sus conmilitones se dedicaron a llamar a sus amantes  –“¿sabes dónde estoy, gorda”?- y a poner y quitar retratos de las paredes, empezando por el de Simón Bolívar. En esas “batallas” los sorprendió el 13 popular.  

¡Vamos a Miraflores!, era la consigna. “La batalla final será en Miraflores”, arengaba en primera plana un diario golpista. Después les dio por las guarimbas, pero bien lejos de la Casa de Misia Jacinta. Quemaban de todo, incluso personas, en el este de Caracas. Un día venía por la avenida Bosco de Altamira la ex dirigente adeca Paulina Gamus y no la dejaban pasar. Atravesaron un tronco. La ex ministra se bajó del carro y los increpó: ¡Miraflores está en el oeste, váyanse para allá; cuando los adecos quisimos el poder nos fuimos a Miraflores; aquí no hacen nada sino molestar”. Los envalentonados guarimberos no le hicieron caso.

La derecha debería leer el libro –si no es mucho pedir- Los días de la ira. Allí el poeta, novelista y periodista Antonio Arráiz repasa el más de centenar de “revoluciones” que plagaron nuestro siglo XIX, cuando Venezuela era el cuero seco gumancista, a la que se  pisaba por un lado y se levantaba por  otro. Pero el autor precisa que revolución que no llegaba a Caracas, se consideraba derrotada. El último caudillo, Cipriano Castro, partió de Colombia y se vino directo de los Andes a Miraflores. Nadie lo vio distrayéndose en Crema Paraíso o en Pollo Arturo.   

Cuando se ganó el premio Rómulo Gallegos, García Márquez dijo  que fue en Venezuela donde el coronel Aureliano Buendía hizo sus 32 revoluciones y las perdió todas. ¡Por supuesto, nunca llegó a Caracas con sus alzados! La derecha venezolana se niega a  leer la historia. Ya no solo se aleja de Miraflores, sino de la propia capital del país. “Pelea” desde Madrid, Bogotá o Miami, en hoteles 5 estrellas y bajo órdenes de Washington. Algunos se preguntan si los chavistas  no le pagarán los viáticos.

 

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