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¡Nadie suelte la mano de nadie!

Gracias a las agresiones que experimentamos como pueblo por parte del Gobierno de EEUU y sus secuaces, aunado a los errores que como revolución y Gobierno estamos incurriendo, además sin corregir; hoy somos millones quienes estamos experimentando diversas formas de sufrimiento.

Frente a esta situación muchos nos quedamos esperando un milagro o peor aún, comenzamos a practicar la ley del más fuerte y en la aplicación de esta, los débiles o quienes se resisten son victimados doblemente, es decir por los otros y algunos de nosotros. ¿Qué futuro nos espera con estas conductas?, solo uno: la sobrevivencia del más fuerte o del más vivo. ¿Es la única salida que nos queda?, ¡pues no!

El padre Pedro Pierre, un militante que vive y acciona en Ecuador, publicó una nota titulada: ¡Nadie suelte la mano de nadie!. Aludía a la necesidad de asumir la solidaridad en ese país frente a la creciente consolidación de la derecha. Sus palabras son una campanada también para nosotros y por eso le he pedido que me permita utilizar el título de su artículo, a lo que ha accedido amablemente.

No hablamos de una solidaridad pasiva y compasiva, que alivia el sufrimiento de quien espera un destino fatal. La solidaridad de la que hablamos promueve la acción organizada y tributa a un propósito, erradicar las causa de los problemas. Experimentar esta solidaridad no necesariamente tiene efectos inmediatos, pues aún está en nosotros inoculada la idea que promociona las salidas individuales, lo que significa reaprender y recuperar nuestro legado ancestral, pero desde la práctica concreta. Intentar una y otra vez, hasta que salga.

Contamos con múltiples organizaciones donde participar para promover y ser parte de un ejercicio permanente de solidaridad, como las comunas, los consejos comunales, los sindicatos, las cajas de ahorro y hasta los partidos políticos y las iglesias. Puede pensarse que en muchas de ellas hay un escenario permanente donde se organizan conciertos para delinquir, pero también es cierto que esa realidad no cambiará si no participamos activamente con una lógica alternativa, la de la solidaridad.

Recuerda el padre Pierre que ¡Nadie suelte la mano de nadie! era la consigna de quienes luchaban contra la dictadura en los sesenta en Brasil. Hoy está más vigente que nunca en los pueblos que insurgen y desafían la lógica del capital y que por lo tanto debemos resistir los efectos de las agresiones imperiales.

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