Necesitamos cambiar el patrón civilizatorio impuesto

Considerar un proceso de transición para superar el modelo civilizatorio moderno, es una misión de vida. Ello implica no solo evaluar y reflexionar sobre éste, sino también en torno a las bases del pensamiento científico que le dieron validez para el mundo occidental, y que nos homologó en una forma de ser y hacer asumida como nuestra.

En la actualidad se debate la necesidad de que la Ciencia, la Tecnología, la Innovación (CTI) y el conocimiento, en respuesta a los retos actuales con el objeto de sentar las bases para un desarrollo endógeno, local, sustentable y humano, debe modificar sus formas de gestión, impulsando una racionalidad científica que no solo responda a la institucionalidad vigente en el Estado venezolano, sino que trascienda la clásica racionalidad moderna aún imperante, incrementando los niveles de participación y orientándolos en consonancia con una nueva direccionalidad.

Los cimientos epistemológicos de la ciencia conocida, basada en la racionalidad instrumental, debe, hoy más que nunca, repensarse y transformarse para, con ello, convertirse en la base de un modelo civilizatorio transmoderno signado por la solidaridad, la otredad y la liberación, como afirma Enrique Dussel, o, en palabras del Comandante Hugo Chávez, un cambio de sistema. Mucho de esto encontramos en el Objetivo No. 5 del Plan de la Patria 2019: el esquema ecosocialista que implica una apuesta por la vida, lo cual solo se logrará si ese nuevo patrón deja atrás las imposiciones del capitalismo y la racionalidad científica sustentada en la razón y la verdad.

Compartimos igualmente que, desde las categorías de análisis modernas no se podrá traspasar su lógica, y la propuesta de una gestión social transmoderna para la CTI será posible bajo una concepción distinta, que impulse el desarrollo endógeno, sustentable y humano desde un Estado Comunal donde la CTI se visualiza como un conocimiento complejo.

Así, la modernidad estaría superada, asumiendo un paradigma civilizatorio propio, transmoderno, con autonomía y soberanía, donde la CTI no se perciba elitesca e inalcanzable y, epistemológicamente, responda a los modelos de complejidad y transcomplejidad para la comprensión de una realidad que luce igualmente compleja.

De esta manera, la gestión social de la ciencia, la tecnología y la innovación asume, más que una corresponsabilidad entre actores, la necesidad del desarrollo de una política científica para la consolidación de la CULTURA CIENTÍFICA NACIONAL que debe conjugar los propósitos compartidos, los sujetos sociales integrantes del Sistema Nacional de CTI (SNCTI), las capacidades y el conocimiento a partir de la inclusión, la descolonización y la formación, para con ello generar una nueva ética y una actitud que potencien un estilo científico-tecnológico propio con alternativas tecnológicas de producción que reconozcan el ser y el hacer en el territorio.

La transformación del sistema de valores que caracterizan la práctica científica y la forma de generar conocimiento, es imprescindible para reconocer las debilidades del propio sistema e incorporar la diversidad de sujetos, métodos y conocimientos como necesarios para trascender la crisis actual y los parámetros hegemónicos de la modernidad.

La autora es presidenta del Observatorio Nacional de Ciencia, Tecnología e Innovación

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