InicioOpiniónNo más de dos millones de barriles diarios

No más de dos millones de barriles diarios

Los renovados deseos venezolanos de acudir al trabajo como fuente de riqueza podrían hallar frenos y hasta retrocesos en el alardeado y penoso indicador instalado en el imaginario colectivo de alcanzar a toda costa la mayor producción petrolera posible.

Eso de producir y producir más petróleo tiene su asidero en la Venezuela del primer lugar en el mundo como primer exportador de petróleo, frase que expresa las siempre solapadas intenciones de los países industrializados por llenar sus tanques con gasolina barata.

Retrocedamos. Nuestra historia económica signada por la imposición de la cuasi monodependencia de algunos pocos recursos agrícolas y naturales, ha sometido al país a los altos y bajos ingresos de divisas obtenidas de las correspondientes cuasi monoexportaciones.

Sea por cacao, café, petróleo, la abundancia de divisas por exportaciones se ha traducido en tipos de cambios sobrevalorados, pesos o dólares baratos, los cuales se han encargado de cimentar una burguesía comercial importadora, producto de un modelo socio económico que aplasta todo intento por levantar una autóctona y genuina producción nacional, al grado de hacerla incapaz de asimilar en inversiones productivas la elevada masa de divisas.

El resultado de tal intoxicación de divisas ha sido “Los botaratas”, según lo expresaba Rómulo Betancourt; “Los ta’ barato, dame dos”, durante el primer gobierno de Carlos Andrés Pérez; “Los raspacupos”, en el periodo del presidente Hugo Chávez. El BCV registra que solo en depósitos y en monedas los venezolanos tienen, al cierre de 2019, más de 133.000 millones de dólares.  

Pero los grandes beneficiarios han sido las mismas compañías petroleras, los corruptos y el sistema financiero internacional, todos duchos en maniobras para hacer que los dólares pagados por las materias primas, petróleo, regresen a sus cajas; y más de una vez “la banca nos engañó” al hacer que los gobiernos pidieran préstamos cuando no lo necesitaban; pues cuando ya están en la ruina y sí los necesitan, aparece el FMI.

A su manera, Pérez Alfonzo decía “Basta ya de petróleo”. El fundador de la OPEP afirmaba que en la medida que invertimos en exploraciones y con éxito logramos subir al mostrador de ventas nuevas reservas petroleras, en esa misma medida se hace más difícil disminuir la producción y poner el techo de ingresos petroleros.

Cuestionaba así que, bajo el imaginario, la frase de producir y producir más, como sinónimo de abundancia y eficiencia, se había hecho recurrente en el discurso político de los ministros de petróleo de algunos de los gobiernos de Acción Democrática y Copei, para expresarle a las autoridades de EEUU que Venezuela era un surtidor seguro y confiable de petróleo.

Dura de roer, la tesis de más producción fue pronunciada por Luis Giusti, quien fuera presidente de la industria entre 1994 y 1998, luego asesor de la Shell, quien durante su Apertura Petrolera incluyó en los planes de la PDVSA elevar la producción a 6 millones de barriles diarios.

Y no se quedó allí. El programa de gobierno de Henrique Capriles, cuando fue candidato de la Mesa de la Unidad Democrática, también planteó llevar la producción a 6 millones de barriles diarios.

Y los planes de la Patria 2013-2019 y 2019-2025, hechos leyes, programas societales del movimiento bolivariano, hacen lo suyo con la misma cifra de 6 millones de barriles diarios: el primero lo plantea como meta para 2019 y el segundo para 2025, mostrando así cuán de la cultura de «surtidor confiable y seguro» de aquella PDVSA domina la industria.

La propuesta es que Venezuela no debe superar los dos millones de barriles diarios, como muestra de su atención y entendimiento de la necesidad de abolir la pobreza y luchar contra los problemas ambientales agudizados por la crisis sistémica del neoliberalismo.

Ya la propuesta fue expuesta en el artículo Producir más petróleo impide el desarrollo y destruye el ambiente, escrito en este medio el 26 de agosto de 2020. Posteriormente, el presidente de México, Luis Manuel López Obrador, plantea una tesis similar de producción el 26 de agosto de 2021.

Los dos millones de barriles diarios satisfacen la capacidad media del plantel refinador nacional, responde a los requerimientos de divisas del país y atiende los ineludibles compromisos de suministros externos ya adquiridos.

La capacidad de refinación nacional es de 1,3 millones de barriles, pero ningún plantel refinador trabaja al 100%, por lo cual se puede tomar una media de 60%, equivalente a 780 mil barriles. Quedarían disponibles para cumplir compromisos externos 1.220 mil barriles de crudo.

El actual empuje económico, cuando la producción ha estado por debajo del millón de barriles diarios, demuestra que el país requiere menos divisas petroleras para elevar sus indicadores, aun cuando es obvio que el Estado requiere divisas para elevar salarios y atender los gastos de la educación, salud y sistema judicial, pues sin la fortaleza de estos tres sectores no hay proyecto de país posible; muere antes de nacer.  

 A más producción, más dependencia importadora, más destrucción del plantel de la industria nacional, más ecocidios, más despilfarro, más corrupción. La idea es producir cada vez menos porque estamos logrando un desarrollo industrial fuerte y diversificado, que cada día nos hace menos dependiente del hidrocarburo.

La tesis antineoliberal es producir cada vez menos petróleo. La economía debe responder y estar vinculada, entonces, a la valoración pragmática de indicadores ambientales y económicos que muestran respeto por nuestra inmensa y hermosa diversidad biológica, que los ingresos por la exportación de rubros distintos a los hidrocarburos se fortalecen, así como también crece el poder de intercambio y consumo de la población de productos generados por la industria nacional.