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Nuestra historia revolucionaria

Es largo el discurso escrito y oral, pero poco o nada lo que se ha producido sobre la revolución en nuestro suelo. Ni siquiera tenemos un manejo adecuado del concepto. Formamos parte de la corriente generalizada según la cual una revolución alude a un cambio violento en la estructura económica, política, social o institucional.

Nos situamos así ante el simplismo conceptual de Fidel Castro y sus repetidores, para quienes una revolución es ‘cambiar todo lo que se tenga que cambiar’. Algo que contrasta con el cambio de raíz a que convoca Marx y que puede ser interpretado como cambio madre, profundo o esencial.

Se evidencia así la distancia entre una interpretación marxista superficial y otra portadora de alguna firmeza teórico-conceptual. Es el lastre que arroja el uso manual de una doctrina.

Y esto ha prevalecido a lo largo de nuestra práctica calificada como revolucionaria. Porque aquí el dominio doctrinario pertenece a muy pocos. El limitado al manual es el que abunda.
Se mantiene de este modo a lo largo del período un escaso dominio de la tan mencionada teoría revolucionaria marxista-leninista. Y esto llega al extremo de que ni siquiera los propios militantes revolucionarios saben por qué se lucha por un tal socialismo-comunismo al que tantos jóvenes han entregado su vida.

¿Qué es la revolución, en definitiva? ¿’Arrancarle el poder al burgués insaciable y cruel’? ¿Y el socialismo? ¿La toma del poder por el proletariado? ¿Y dónde ha ocurrido esto? ¿Dónde se forjó y se mantiene un poder obrero-proletario? ¿Realidad o ficción revolucionaria?
Pero quede claro que el atraso teórico-doctrinario no es exclusivo de este momento. Está inscrito en un proceso que ya alcanza el siglo. Los primeros activistas en el conocer y practicar ideas revolucionarias se ubican al inicio del siglo XX. Gustavo Machado y Salvador de la Plaza lanzan un primer grito que se escucha sobre todo en el exterior.

Pío Tamayo lo hace y mantiene aquí. Y enfrentado al proyecto socialdemócrata-Betancourt, crea un contraproyecto de ‘Idealidad Avanzada’ llamado a constituir un poder que tenga al colectivo-social-pueblo como agente histórico fundamental’.

Sancho, ¿Será llegada la hora de superar el juego a la revolución convertido en sacrificio o tragedia de jóvenes que mueren sin saber siquiera qué es eso por lo que luchaban?
@ABlancoMunoz