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Nuevo Tribunal Supremo

Con la reforma de su Ley orgánica, en cuanto al número de magistrados y magistradas en la integración de Salas, habrá un nuevo Tribunal Supremo de Justicia que funcionará en Sala Constitucional, Sala Político Administrativa, Sala Electoral y las de Casación Civil, Casación Penal y Casación Social. Además, la Sala Plena. La designación de magistrados y magistradas en Venezuela ya no se hace “a dedo”, ni los nombra el Presidente como en otros países. Antes de la llegada del Comandante Chávez y la revolución bolivariana esos nombramientos los hacían dos señores del alto poder, uno adeco y otro copeyano. Hoy, la elección de los integrantes del Tribunal Supremo está sujeta a lo ordenado por la Constitución de la República Bolivariana y la Ley Orgánica del TSJ.

Para ser magistrado o magistrada del Tribunal Supremo de Justicia se requiere que la persona para ese cargo sea de reconocida honorabilidad. Es lo fundamental. Ser una persona honorable significa digna de ser honrada. Es rectitud en el comportamiento desde el ángulo de la honradez, lo que traduce una fuerza que trasciende lo individual para hacerse principios éticos y morales indeclinables en el orden político-social. Por eso se ha dicho que la rectitud en el obrar es lo que debe caracterizar a un magistrado del TSJ. Sin embargo, no ha sido así. Hoy, no es suficiente la lucha contra la vieja corrupción judicial, sino que es necesario acabar con los nuevos vicios, esas muestras de corrupción, impericia e ineficiencia que obligan en acto de decencia pública a sacar de los tribunales a esos magistrados y jueces que negocian los actos de sus funciones o contrarios a su deber. Ellos no creen en la justicia, roban y hacen desastres en nombre de la ley.

La actual Asamblea Nacional tiene la responsabilidad ante el país de saber elegir a los integrantes del nuevo Tribunal Supremo. De lo contrario, resultará una culpa grave en la elección si se actúa con desprecio absoluto de las precauciones en la escogencia de un magistrado o magistrada de reconocida honorabilidad. Un buen sistema de justicia no puede seguir siendo una meta inalcanzable, con tanto discurso inútil e infructuoso. Es tiempo de plantear la transformación de la justicia en el proyecto bolivariano bajo una orientación de juez y pueblo con sus redes de defensa comunitaria hacia una justicia sin selectividad, accesible a todos, sin corrupción y sin temores

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