Orientación

Mi analfabetismo cartográfico es prácticamente total. Lo confieso y trato de redimirme desde que sentí aquella mezcla de fascinación y vértigo al abrir por primera vez el libro de Ciencias de la Tierra y apareció EL UNIVERSO. Inmediatamente me fui por la ventana del Lino Gallardo. Desde el barrio Los Mecedores, a lado de Cotiza, mi barrio, me escapé hasta la Vía Láctea y llegué a Andrómeda, desde donde divisaba todo mejor. Nunca más me perdí, desde entonces, como solía hacerlo de niño. Ni en el metro de Moscú donde no hay ni un letrerito más que sea en inglés.

Flash Gordon pues. Desde Andrómeda hasta Cotiza; de las enrevesadas calles de Sevilla hasta las empinadas y ondulantes escalinatas de Las Adjuntas y Petare. Del boulevard Panteón, donde se divisan imponentes: el Waraira Repano, el Mausoleo de Bolívar y el Panteón Nacional hasta Princess Street en Kingston.

En Princess Street uno se siente tan cómodo y alegre, saludando, machucando el inglés, gritando emocionado -¡Venezuela¡, ¡Venezuela!, ¡Chávez!, ¡Chávez! para identificarse y que lo quieran a uno, y entonces preguntar por la casa donde vivió Bolívar hace 200 años; y encontrar el comercio TMR ENTERPRISE en el número 33-A en esa hermosa, humana, bulliciosa y comercial calle de Catia en Kingston donde ni jamaiquinos ni venezolanos sabíamos que vivió el genio de América. Y donde no había ni una plaquita de esas que dicen “Aquí estaba la pensión donde vivió el Libertador de la América meridional Simón Bolívar”, “Aquí escribió uno de los documentos fundacionales del pensamiento anticolonial latinoamericano y caribeño…”

 Encontrar esa calle donde la sabia, bella y rebelde Nanny había comenzado la lucha contra el dominio colonial dos siglos antes de la Carta de Jamaica.

Frente al N 33-A de Princess Street, otra vez me escapé, esta vez en la nave Enterprise, a la galaxia GN-z11 a una distancia de 13,4 mil millones de años, 400 millones después de que Dios creó el Universo a partir de un Huevo Cósmico o desde sí mismo, t=0, punto inicial. La vieja-nueva GN-z11 que conocemos ahorita como era hace ese bojote de años, que a lo mejor ni existe para ella, pero sí para nosotros.

Sin necesidad de brújula, puntos cardinales, mapa turístico o la agradable señora del GPS, más nunca me he extraviado. Aunque me encuentre a 32 mil millones de años luz de la Tierra: sé llegar a mi casa. La orientación es un espejismo de la dominación moderno-colonial. ¿Venezuela limita por el norte con el Mar Caribe?

 

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