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Otro elefante para la verdad

Inspirados en la reflexión de la fábula de los ciegos y el elefante de nuestro último encuentro, existe un tipo de ceguera que consiste en solo ver lo que queremos o esperamos ver y descartar las pruebas que no se ajustan a nuestras ideas preconcebidas.

Los psicólogos lo llaman “sesgo de confirmación”, quienes complementan esta tendencia señalando que lo sufrimos en mayor o menor medida y parece formar parte de la condición humana.

El análisis, o capacidad de descomponer las cosas, es una competencia muy extendida; pero, cuando nos esforzamos por comprender la realidad un factor crucial es la capacidad de síntesis o facultad de unir los hallazgos y reconocer patrones. Es una competencia complementaria y crucial. 

La curiosidad es otro componente esencial que da lugar a la síntesis. No la curiosidad ociosa, es aprender a “observar” usando la información que somos capaces de recolectar; es la curiosidad dinámica: la búsqueda incesante de preguntas perspicaces que cuestionen nuestros supuestos subyacentes y reexaminen la sabiduría producida con las nuevas experiencias sensoriales. “Observar” es el proceso intencionado de detallar un fenómeno de la naturaleza con propósito analítico y recabar la mayor cantidad de datos posibles para la síntesis ulterior.

Estudios, como los expuestos por Edward de Bono (1967), refieren a que familiarizarnos con el “pensamiento lateral” puede asistirnos a “ver mejor la bestia”, incentivando nuestra capacidad para abordar problemas imaginando soluciones que serían imposibles de alcanzar con métodos deductivos o lógicos. En términos más simples: la capacidad de desarrollar respuestas originales a preguntas difíciles, que es la esencia de la creatividad.

La recomendación es beneficiarnos de ella en momentos de cambio, cuando, por definición, es poco probable que las soluciones tradicionales obtengan el resultado deseado.

Sócrates es el gran exponente del aprendizaje a través de preguntas. Su madre, Fenáreta, era partera, y el filósofo -inspirado en el oficio materno- creó el método según el cual los grandes conocimientos nacen invariablemente de las grandes preguntas, en una suerte de parto de nuevas ideas o mayéutica (del griego partera). La fábula de los ciegos y la bestia se vería grandemente complementada con Sócrates presente.

Una de las grandes tareas de quienes gobiernan las actividades de investigación y desarrollo es hacer preguntas inquisitivas y enseñar en la organización a hacer lo mismo: indagar invitando a la observación, a la exploración y al diálogo dinámico.

Mejor lo resumió Eugène Ionesco sentenciando que ”no es la respuesta la que ilumina [la verdad], sino la pregunta”.

*El autor es Presidente del Observatorio Nacional de Ciencia, tecnología e Innovación.

@betancourt_phd

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