Pandora

La loca Pandora abrió una cajita nefanda que lo arruinó todo. Prometeo, «el que lo piensa primero», advirtió a su hermano Epimeteo, «el que lo piensa después», del peligro de dejar esa caja en manos de una mujer —porque te advierto que la mitología griega es machista, como todas las mitologías que me han contado. Con los siglos quienes aprenden han aprendido que no solo las mujeres son irreflexivas.
Trump la coge con Huawei envidioso del 5G sin prever que la China es dueña de la deuda de su Imperio en decadencia y provee el 80% de las tierras raras para su industria militar, que tanto billete y miseria produce.
Claro, no es él, es el Estado profundo el que manda de verdad, sin caras, sistémico, kafkiano, tozudo, bruto y brutal.
Pandora no sabía que esa caja encerraba todas las calamidades, pestes, envidias, guerras. Era como su mentor Epimeteo, o sea, que «lo pensaba después». Como dicen que era Rómulo, que disparaba primero y averiguaba después. Y a menudo ni averiguaba porque era tan energúmeno como Trump.
Su serenísima majestad el emperador Donald John Trump se lanza sobre sus presas como hiena gritona y descuadernada de risa maléfica y, como los zamuros, come bailando. Pero no es él, que no pasa de pelele del Estado profundo, pero satisface los requisitos de histeria y sadismo ideales para los designios imperiales declinantes, de fiera herida paranoica, mamarracha, megalómana y maniática.
Tiene un alboroto montado en el Medio Oriente, amenazando ahora a Irán, pero probablemente no ataque de verdad, como perro que ladra demasiado, porque se puede pisar los dedos, como se los pisaría en Venezuela. De todos modos arma la zaragata porque mientras más cuchipanda más armas de destrucción masiva vende a Arabia Saudita, para que siga martirizando a la ancestral Arabia Feliz, o sea, Yemen, amenazando a Irán y descuartizando periodistas.
Por breves instantes amagó con denunciar al Príncipe saudí por haber hecho cuartos al gacetillero, pero rapidito el Estado profundo le advirtió que Arabia Saudí es un aliado estratégico. Y entonces comenzó a tratar al destripador como a un príncipe de las Mil y una Noches.
Como ves, no es tanto el mono como quien le da la hojilla, porque el Estado profundo no es más cuerdo ni que Trump ni que Pandora.

@rhm1947

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