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¿Partera de cuál historia?

La historia de la propiedad es consustancial a la violencia. Y a la vez el único camino para alcanzar cualquier tipo de cambio es la propia violencia. De allí que Marx la señale como “la partera de la historia”. Que no habrá otra historia sin la aplicación de la fuerza, de las armas y dejando la legión de muerte que sea necesaria.

Inevitable la confrontación entre propietarios, burgueses u oligarcas y proletarios de todos los países con miras a producir la revolución, la transformación que signifique la implantación de una realidad donde todos los hombres sean propietarios de todo, y no haga falta, en consecuencia, el aparato de controles y violencia oficial, dado que reinará la paz, entendimiento y concordia.

A 176 años del Manifiesto Comunista de Marx y Engels hay un amplio registro de experiencia que sigue la orientación de luchar por “un mundo mejor”, que deje atrás la explotación de los de arriba a los de abajo. Un mundo en el que prevalezca la dignidad y condición humana de todos los hombres.

La lucha contra los poderes establecidos se inicia con la Comuna de París en 1871. A esta confrontación sigue la rusa, la china y otras experiencias que a la larga conforman el “bloque socialista y comunista de la nueva historia”.

Ahora, ¿la “partera de la historia” produjo en alguna parte, además de una legión de muerte, la toma del poder por parte del proletariado que acabaría con el reino de los hombres superiores, héroes-caudillos-libertadores?

Y cerca de dos siglos de “violencia revolucionaria” ¿hay territorios de este mundo liberados de toda burocracia y explotación? ¿Seguiremos aplicando los viejos preceptos comunistas o avanzaremos en términos de creación y aportes?

En Nuestra América se sigue hoy los lineamientos de los llamados descubridores, conquistadores y colonizadores, es decir, de los invasores del vejamen, el sometimiento y la explotación. Se mantiene así en las mayorías el estigma de inferiores o descubiertos.

Son más de 5 siglos de ignominia que sólo se podrá arrancar con una conciencia de no descubierto que entienda que “nadie descubre a nadie” y que no hay hombres superiores e inferiores, más allá de la violencia del capital. En nuestra Venezuela también ha prevalecido la violencia descubierta. Y hoy se escucha voces alentando su continuación.

Sancho, ¿y qué tendrá en la cabeza quien sólo piense en “la partera de la historia”?

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