¡Pasado y presente muertos!

El hombre crea, inventa y utiliza el tiempo para saber sobre los días de sus pasos, las horas de sus acciones y calcular el lapso vivido y el que le falta por recorrer. ¿Pero es verdad aún hoy, aquello del pasado y el presente como instancias temporales que junto al futuro están interconectadas?

A la fecha hay que negar terminantemente que el presente y futuro sean portadores de innovaciones que contribuyen al mejor vivir de los hombres. Porque el hombre actual no tiene futuro. Simplemente vive (¡o cree vivir!) para repetir su pasado, al que, sin dificultad, llama y siente como presente y futuro.

Y si esto es así, ¿cómo explicar que Henry Miller en El tiempo de los Asesinos, Sur, Bs. Aires, 1965, su aguda biografía del innovador y trascendente poeta francés Arthur Rimbaud (1854-1891), señale que “La crisis moral del siglo XIX no ha hecho más que ceder su lugar a la bancarrota espiritual del siglo XX. Es sin lugar a dudas, ‘el tiempo de los asesinos’.”

El reparo es obligado. Porque ese tiempo-espacio-situación destructiva y criminal se extiende, al menos, a los milenios de la propiedad, que acompañan la violencia dispuesta para resguardarla. Y de allí a las guerras de poderes que apuntan hacia el consagrado dominio. Son 5 mil años de guerras.

Nada que ver con eso de 1ª y 2ª guerra mundial. Las sucesivas hegemonías se consolidan con las confrontaciones armadas y la cantidad de muertos producidos. De modo que el hombre es guerra y muerte. Y el hoy sólo agrega la ciencia-tecnología para lograr más bajas en menos tiempo.

La ciencia al servicio del asesinato. El propio Miller lo reseña: “Vivimos enteramente en el pasado, nutridos de pensamientos muertos, de credos muertos, de ciencias muertas. Es el pasado, no el futuro, lo que nos devora.

Y toda esta muerte tiene en este presente una inmensa fuente de producción. Una maquinaria de alto desarrollo, unida a un “alto progreso y civilización suprema”. El tiempo de vida no existe. La ciencia sirve a la acumulación, pero no para mantener y extender la vida. Permite los viajes espaciales turísticos, pero no contribuye al combate y cura del cáncer. Continuamos anclados en este tiempo lleno de pasado.

Sancho, ¡En Latinoamérica y el mundo sigue un tiempo de protestas, hornos, guerras, una cacería covid-19 y un destrozo creciente, imparable, inagotable! ¿Hasta cuándo la hegemonía del asesinato y el capital?

 

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