Perfidia

La prospectiva estudia las causas técnicas, científicas, económicas y sociales que aceleran la evolución del mundo moderno, y la previsión de las situaciones que podrían derivarse de sus influencias conjugadas.

Existen dos importantes perspectivas sobre el futuro: imaginarlo o crearlo.

La primera perspectiva estima la anticipación científica de las tendencias enunciadas por expertos actores que lo construyen. El segundo estriba en alterarlo, en caso de que esa tendencia no favorezca a los actores de los influyentes reinos políticos y económicos, o no modificarlo si la alternativa incide positivamente en sus indicadores.

En Venezuela, el uso de la prospectiva está en uno de los más altos niveles jurídicos, pues su empleo es ordenado en la Ley Orgánica de Planificación Pública y Popular.

En nuestra historia reciente, hace apenas 100 años, existe un interesante ejemplo de prospectiva tecnológica y cuyos resultados fueron ignorados por la perfidia de algunos actores que hicieron poco por alterarlo. Veamos.

Un ingeniero, mientras trabajaba para la General Motors, descubrió que la gasolina con plomo evitaba que parte de la gasolina del cilindro del motor del vehículo explotara a destiempo.

Hoy, sabemos que la consecuente implementación y adición de plomo a miles de millones de litros de gasolina liberó enormes cantidades de plomo a la atmósfera, causando problemas de salud en todo el mundo y cobrando la vida de millones de habitantes.

Más adelante, el mismo equipo científico que parió la idea e implementación del plomo, sintetizó un compuesto que luego llamó “freón” para reemplazar los sistemas de refrigerante de los equipos de aire acondicionado.

Hoy, las pruebas irrefutablemente condenan al freón como el principal responsable de la destrucción de la capa de ozono. Trágico pasivo ambiental.

Lo más increíble es que ambos descubrimientos, patentes y emprendimientos, estuvieron en manos de una joya, el ingeniero mecánico Thomas Midgley Jr., quien fue condecorado en vida por sus logros, a pesar de que -como se acierta hoy, pero, se sabía bien ayer- eran ampliamente conocidos los nocivos efectos de sus descubrimientos en el medio ambiente. Poco importó.

El historiador John McNeill afirmó que Midgley tuvo el “mayor impacto en la atmósfera que cualquier otro organismo en la historia de la Tierra”.

La prospectiva tecnológica es indispensable en manos de un Estado que debe anticipar los efectos de la preciada “innovación” que bien pudiere enriquecer a unos pocos, pero destruir contradictoriamente el hermoso planeta que nos han legado.

Anticipándose, hace 2.500 años, el legendario matemático Pitágoras expresó:

“Nunca mojes tu pan en las lágrimas de tus semejantes”.

Orientemos la ciencia a salvar vidas no a acabarlas.

* El autor es Presidente del Observatorio Nacional de Ciencia, Tecnología e Innovación

@betancourt_phd