Piedras en el camino

No se trata de que haya sido pequeña la diferencia. Ya en 2016 Keiko Fujimori había perdido en segunda vuelta con Pedro Pablo Kuczynski, por un margen estrecho de poco más de 40 mil votos. Pero PPK era el mismo que siendo presidente compararía a América Latina con un “perrito echado en la alfombra” ante los gobiernos de Estados Unidos. Estaba en la tradición de corrupción de la “clase política” a la que pertenecieron Alberto Fujimori, Alan García, Alejandro Toledo, Ollanta Humala; todos electos presidentes, todos acusados por corrupción, además de violación masiva de los derechos humanos en el caso de Fujimori.

A Pedro Castillo lo acusaron de todo. Desde mal acompañado e ignorante, hasta “chavista”, comunista, terrorista. La totalidad de los medios masivos estuvo comprometida: Olvidaron por conveniencia que Keiko ha sido acusada y está siendo procesada como “líder de una organización criminal”; por otro lado, acompañaron la campaña de propaganda sucia a la que se sumaron las “redes sociales”. La campaña hizo daño a la candidatura de Castillo, reduciendo la ventaja clara que le daban las encuestas pocas semanas antes de la elección. 

Pese a todo, ese candidato que una señora entrevistada definió como “uno de nosotros, maestro y campesino, que ojalá no nos traicione”, pudo mantener la mayoría. Y el significado de la candidatura fue evidente: en los pequeños poblados de la sierra fue amplia mayoría, y, por ejemplo, en la Provincia de Chumbivilcas, en el Cuzco, obtuvo 96,5%… En Lima y entre los peruanos en el exterior (cerca de un millón con derecho al voto) ganó Keiko. Allí donde la mala-conocida era considerada menos peligrosa que los “cholitos” del interior. Quienes aspiran a ser considerados “clase media” aunque sean pobres, se identifican con los temores de la oligarquía.

Dilaciones, maniobras judiciales, presiones directas contra el organismo electoral y llamados a golpes de estado han concurrido hasta ahora. La gente de Castilllo, ese maestro-campesino-ojalá-que-no-nos-traicione, ha sabido mantenerse en la calle con calma. Otra gente se va dando cuenta del tamaño de la manipulación. Quieren deteriorar la situación para que no llegue Castillo y que si llega sea con una pata coja. Para el pueblo constituyente nunca la cosa ha sido fácil. Pero ahí vamos.

 

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