InicioOpiniónProducir más petróleo impide el desarrollo y destruye el ambiente

Producir más petróleo impide el desarrollo y destruye el ambiente

Venezuela debe fijarse un techo diario de producción petrolera de 2 millones de barriles, y a partir de ese momento histórico anotar como logro y éxito de desarrollo económico soberano, no dependiente, con enfoque nacionalista y ambientalmente respetuso y equilibrado, cualquier tendencia a producir volúmenes menores.

La sugerencia va a contravia de las políticas de producción dominantes en PDVSA, la cual ha empleado el aparato de relaciones públicas heredado de las Transnacionales para instalar en el imaginario colectivo del venezolano que altos volúmenes de producción es sinónimo de una empresa eficiente, generadora de divisas en un país colmado de riqueza.

Incluso había una frase insertada y recurrente en el discurso político de los ministros de petróleo de algunos de los gobiernos de Acción Democrática y Copei, cual era expresarle a las autoridades de EEUU que Venezuela era un surtidor seguro y confiable de petróleo. Las palabras revelaban el alto grado de intencionalidad de inundar el mercado, derribar los precios y colocar a disposición la mayor cantidad de barriles posibles.

La idea subyacente, por supuesto, era violar los niveles de producción y por tanto buscar la salida de Venezuela de la OPEP. Léase que Luis Giusti, quien fuera presidente de la industria entre 1994 y 1998, hoy asesor de la Shell, durante su mandato incluyo en los planes de la PDVSA elevar la producción a 6 millones de barriles diarios.

El programa de gobierno de Henrique Capriles, cuando fue candidato de la Mesa de la Unidad Democrática, también planteaba llevar la producción a 6 millones de barriles diarios.

Y los Plan de la Patria 2013-2019 y 2019-2025, hechos leyes, programas societale del movimiento Bolivariano, hacen lo suyo con la misma cifra de 6 millones de barriles diarios: el primero lo plantea como meta para 2019 y el segundo para 2025, mostrando así cuán de la cultura de «surtidor confiable y seguro» de aquella PDVSA domina la industria

¿Fijarse un techo de producción es una tesis insólita y contradictoria? Pues bien. Adoptar un techo de producción impone, de hecho, la búsqueda de otras fuentes de divisas, por tanto debe ser expresión de éxitos logrados por una política socio económica de fortalecimiento del aparato educativo, de mantenimiento de un tipo de cambio equilibrado que no castigue al productor nacional y de ruptura monopólica, que impulse las más diversas formas de organización productiva, en la cual los ingresos provenientes de las exportaciones no petroleras y del petróleo vayan hacia la adopción y adquisición de la tecnología indispensable, y al sostén e impulso de generación de bienes y servicios requeridos para el desarrollo de un agresivo proceso de industrialización.

La tendencia a producir menos petróleo debe responder y estar vinculada, entonces, a la valoración pragmática de indicadores ambientales y económicos que muestran respeto por nuestra inmensa y hermosa diversidad biológica, que los ingresos por la exportación de rubros distintos a los hidrocarburos se fortalecen, así como también crece el poder de intercambio y consumo de la población de productos generados por la industria nacional.

Las razones para romper con la tesis de producir más y más, hasta ahora asumida como sinónimo de éxito empresarial y político, son en consecuencia múltiples y variadas, pero en esencia apuntan a sepultar la dependencia energética de una fuente fósil altamamente contaminante, y a edificar un desarrollo de producción y consumo fundado en una autóctona fortaleza industrial identificada con las necesidades y valores de Venezuela.

Un primer evento que da sostén a la tesis es el desagradable hecho histórico nacido de las ataduras y dependencias creadas por los intereses Transnacionales sobre el país: a finales de los años veinte del siglo XX, la vía rentistica petrolera había logrado desplazar a los ingresos por agroexportación del café y cacao, realidad expresada con angustia por Arturo Uslar Pietri en su editorial del 14 de julio de 1936: Sembrar el petróleo, publicado en el diario Ahora.
Ve la agricultura como una economía reproductiva y progresiva y al petróleo como economía destructiva.
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A partir de ese instante sobrevienen para Venezuela los recurrentes episodios de recibir ingresos que sobrepasan con creces la capacidad para ser absorbidos por el plantel productivo del país, dilemática realidad económica que se ha manifestado en altísimos niveles de importación estimulados por dólares baratos, cuyas mercancías instaladas en los anaqueles a bajos precios actúan en detrimento del golpeado plantel industrial, a lo cual se añade la constante presión inflacionaria de una masa monetaria sin rumbo de consumo ni inversión productiva.

«…era objeto de preocupación en el equipo de gobierno ver como, al amparo del auge petrolero, la gente gastaba todo el dinero que a sus manos llegaba», afirma Rómulo Betancourt, en texto Venezuela, política y petróleo, escrito en 1956. «Los sectores más beneficiados en la lotería del petróleo dilapidan el dinero tan fácilmente adquirido….con la alegre irresponsabilidad de toda clique minera. El contagio se ha extendido a toda la población, de manera especial a las clases medias. En Miami, en Puerto Rico, en La Habana y Nueva York y no hablemos de los países europeos de monedas depreciados, el turista venezolano es sinónimo de botarata».

En la década de los cincuenta y de los setenta del siglo XX eran los venezolanos Botaratas y Ta’barato dame dos, respectivamente; en la de 2010 en adelante fueron los Raspacupos, dejando con injusticia por fuera los variados momentos de derroche y despilfarro, propinados por demagógicos gobiernos de Copei, e impulsados e institucionalizados por la intoxicación rentistica.

Ningún sistema de ahorro tipo Fondo de Inversiones de Venezuela ha servido. Las divisas regresaban a manos de las Transnacionales, a las cajas de la banca internacional y absorbidas por la corrupción. Hoy la fórmula de fondos de ahorro o inversión es más difícil por causa de las sanciones y el bloqueo ilegalmente impuesto por EEUU, que expone los recursos al robo pillaje.

Pero la inquietud que fundamenta hoy este planteamiento no es nada original. Descansa en el pensamiento petrolero de Juan Pablo Pérez Alfonzo, venezolano fundador de la OPEP y creador de la empresa que avanzó con paso firme hacia la creación de una industria venezolana de los hidrocarburos, la Corporación Venezolana del Petróleo, CVP, proyecto desplazado y frustrado por los creadores de PDVSA.

Decía Pérez Alfonzo «Basta ya de petróleo», que en la medida que invertimos en exploraciones y con éxito logramos subir al mostrador de ventas nuevas reservas, en esa misma medida se hace más difícil disminuir la producción y poner el techo de ingresos petroleros, reclamado para salvar de la carraplana a Venezuela.

Pero ¿por qué 2 millones de barriles de techo? Podría ser otra cifra. Es discutible. Arguyo la propuesta por la capacidad media de refinación del plantel refinador nacional y por la atención ineludible a los compromisos de suministros externos ya adquiridos.

La capacidad de refinación nacional es de 1.3 millones de barriles, pero ningún plantel refinador trabaja al 100%, por lo cual se puede tomar una media de 60%, equivalente a 780 mil barriles. Quedarían disponibles para cumplir compromisos externos 1.220 mil barriles de crudo.

¿Qué pasará con los 276 mil millones de barriles de crudo presentes en la Faja Petrolífera del Orinoco? Nada. Se quedan allí. Es lo mejor para el ambiente y la humanidad toda.

Basta con decir que hasta ahora no hay respuesta a una posible ocurrencia del evento calamitoso sufrido por la ciudad de Lagunillas, Zulia, conocido como subsidencia. Es decir, ¿qué materia ocupará el espacio dejado por el petróleo extraído de la Faja Petrolífera del Orinoco?

A más producción, más dependencia, más destrucción del plantel de la industria nacional, más ecocidios, más despilfarro, más corrupción.

En síntesis, la idea es decir con orgullo que tenemos mucho petróleo, pero estamos encaminados a producir cada vez menos porque estamos logrando un desarrollo industrial fuerte y diversificado, que cada día nos hace menos dependiente del hidrocarburo.

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