¿Puede una mujer llegar a ser sacerdote? /2

La semana pasada, íbamos constatando hasta qué punto la organización de las parroquias eclesiásticas, e inclusive la de las diócesis, ha venido cambiando: incorporando la fe, la inteligencia y la tecnicidad social de la mujer. En ciertas sedes episcopales,  ha habido un impresionante paso hacia adelante:  el obispo administra su diócesis no sólo con laicos varones, sino también con laicas. Mujeres inteligentes, hábiles, serviciales, sonrientes. Cierta cantidad de obispos – inclusive de arzobispos y cardenales – se han atrevido a la misma audacia: solicitar humildemente el apoyo de mujeres para reforzar la eficacia del servicio.

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Sin embargo, hasta la hora, nada de ordenación sacerdotal femenina. No sólo el obispo sigue siendo el responsable principal de las decisiones pastorales, sacramentales y administrativas, sino que es el personaje insustituible dentro de su diócesis. Y si puede pensarse, para el porvenir, en otras etapas de cesión de la responsabilidad, no se habla de ordenación sacerdotal de una mujer. ¿Irreversible, esta situación? ¿Qué dice la historia primigenia del cristianismo?

Dice que no hay ninguna prueba fehaciente de la existencia inicial de mujeres sacerdotes. Pero durante dos siglos, tampoco ha habido presidencia sacerdotal de varones. Es decir: desde el año 30 (de la muerte de Jesús) hasta el año 200 después de Cristo, la comunidad cristiana no quiere saber nada de sacerdotes; ni de esta función, ni de este título, ni de ese vocabulario. Quien preside la misa se llama así: “presidente”,  o también: “profeta”. La misa no es considerada, en aquel entonces, como un acto sacerdotal, sino como un acto profético. Esté ejerciendo la presidencia un varón o  una mujer, no cambia el panorama teológico: no es sacerdote.  

En ese nivel, existen indicios  de la responsabilidad posible de mujeres – y de varones – en las comunidades cristianas, con presidencia de la eucaristía (misa). Pero los cristianos no quieren saber nada de “sacerdote”, ni para hombre ni para mujer. Cuando nace el sacerdocio hacia el año 200,  el liderazgo de la mujer ha disminuido considerablemente. El machismo pondrá su impronta en la Iglesia: el sacerdocio será exclusivamente masculino. Muy bien  podría ser cuestionado “mañana”. Pero costará enormemente. 

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Sacerdote de Petare 

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