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Punto de inflexión

Culturalmente hablando, siempre ha sido extremadamente interesante analizar los diferentes sentidos e interpretaciones que las personas , a lo largo de la historia, le han dado a lo que significa el mes de diciembre y su impacto emocional de acuerdo a los constructos teóricos y la valoración que desde las cosmovisiones individuales y colectivas se le otorga a lo que se conoce como: “el último mes del año”, ”el mes más bonito del año”, ”un mes para la reflexión”, “el mes para estar en familia”, “diciembre ayuda evaluar lo que se hizo en el año”, ”el mes de la alegría”, “el mes más comercial”, etcétera.

Y bajo esas diferentes perspectivas de vida, han surgido cualquier cantidad de frases que se han escrito alrededor del mes número doce del año, donde definitivamente ha tenido un peso muy importante “lo religioso” en la construcción cultural del rostro decembrino y que le da una estratégica particularidad: es un mes diferente a los otros once que forman parte del calendario.

Es importante destacar la existencia de una muy particular consecuencia en el momento en que se transita por los caminos del último mes del año, ya que, de una manera u otra, nos invita a detenernos y mirar hacia atrás y observar lo que se ha recorrido para reflexionar y hacer “pequeños balances” sobre lo que hicimos y lo que no logramos hacer, destacando en nuestras memorias qué fue lo mejor y lo peor que nos sucedió y cuáles son esos acontecimientos y episodios que se van a convertir en inolvidables. Aplicando “el enfoque del olvido”, el cual consiste en afirmar lo siguiente: “lo que no te acuerdas, es porque nunca pasó”.

Y en la medida en que va avanzando, en el mes de diciembre nos conduce a una sensación de que “algo está culminando”, porque nos estamos acercando a los últimos días del año y eso forma parte de una paradoja: a pesar de cada día que pasa, es un continuo entre el ayer, hoy y mañana. Hay la creencia colectiva de que el 31 de diciembre es el último día de un año que ya no volverá y se convierte “en la frontera” con un futuro muy cercano, que está a la vuelta de la esquina, condicionada por la carga cultural que tenemos en el manejo de los tiempos y los momentos. Y al preguntarnos ¿cómo me irá el año que viene?… diciembre se convierte en un punto de inflexión.

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