¿Qué celebramos el 12 de octubre? | Vladimir Acosta

Ilustración de Canoabó

Las grandes fechas históricas suelen ser claras porque usualmente marcan hechos definidos o hacen cortes netos. Pero las hay que, por servir a intereses distintos y hasta opuestos que perduran en el tiempo, o por tener varias lecturas que no cesan de chocar, resultan confusas y contradictorias desde su origen mismo. Y no creo que haya otra más contradictoria, confusa y enrevesada que la del 12 de octubre de 1492. Lo único que esa fecha tiene de indiscutible es que recrea la llegada, en tres destartaladas carabelas, de unos perdidos, hambrientos y desesperados marinos españoles que estaban al borde del motín, a una pequeña e insignificante isla casi periférica de este gigantesco continente, del que ni los perdidos españoles ni su almirante, un tal Colón, casi desconocido para entonces, tenían la menor idea de que existía; y que aún no se dejaba ver. Pero es que el 12 de octubre no se queda en ese primer encuentro accidental y pacífico de españoles y población americana, sino que se refiere a su directa consecuencia: a su conversión en la brutal conquista española de casi toda esta América, a la masacre, destrucción cultural y sujeción de las poblaciones indígenas americanas, y a la conversión de España en un enorme y poderoso imperio.

Y desde hace más de un siglo, los países de esta América que por tres siglos fuimos sus colonias, celebramos como nuestra esa fecha, gloria de España, porque nuestras clases dominantes, serviles de Europa y adoradoras de lo europeo, nos hicieron entrar en la celebración de esa Conquista como receptores de lo que los españoles habrían traído a esta América: la lengua castellana, la civilización que encarnaban y la religión que era la suya, el cristianismo, la única religión verdadera. Ocurre que no sabían otro idioma; que con las armas superiores y las plagas que también trajeron masacraron a los indígenas y destruyeron sus culturas; y que por la fuerza les impusieron esa única religión verdadera que, por cierto, unas décadas después de llegar los españoles, en esa Europa cristiana suya del siglo XVI, se parte con la Reforma en dos religiones verdaderas, ambas cristianas, distintas y furibundas enemigas, que pasan dos siglos matándose con furia y que terminan dividiendo a Europa en dos mitades: una cristiana papista, y la otra cristiana protestante.

Pero el 12 de octubre solo se celebra desde fines del siglo XIX. En los siglos XVI, XVII y XVIII no hubo ninguna celebración española ni europea de esa fecha. No había interés ni espacio para ello. En 1592, España hacía balance de su conquista americana y organizaba la explotación colonial del continente que había conquistado sometiendo y masacrando pueblos americanos, armas y Nuevo Testamento en mano. En 1692, debilitada por conflictos europeos, España había aflojado en algo las riendas en América y soportaba su creciente decadencia. En 1792 no había nada más absurdo que celebrar descubrimientos coloniales españoles en una Europa en plena Revolución francesa, con unos Estados Unidos que acababan de lograr su independencia de Inglaterra ayudados por la Francia y la España borbónicas, y unos primeros indicios de posibles rebeliones similares contra el dominio de esta última en su América española.

La gran celebración del 12 de octubre y del descubrimiento y conquista de América es la del siglo XIX, fiesta de la Europa colonialista que se halla en su apogeo y domina el resto del mundo. Nuestros gobiernos no cuentan y Estados Unidos no participa. Ellos son rubios, descubiertos por vikingos, están a punto de declararse Imperio y pronto atacarán a España para arrancarle Cuba, Puerto Rico, Guam y Filipinas.

A partir del siglo XX la fecha se celebra en nuestros países como feriado oficial y con nombres sucesivos, cínicos, falsos o engañosos. El primero fue el nombre de Día de la raza, día del triunfo de la raza blanca sobre las otras, las inferiores. Y lo insólito es que nuestros países supuestamente soberanos celebraron por décadas ese racismo. Luego se cambia por el nombre manipulador de Día del Descubrimiento. Cierto que cuando dos sociedades que han evolucionado totalmente separadas se encuentran de repente un día, hay descubrimiento. Pero este es mutuo y no de uno solo de ellos. Si se trata de sociedades comparables en población, organización y armamento, ambas pueden optar por un acuerdo o preferir la guerra. Pero si la diferencia en estos terrenos es enorme y favorece claramente a uno, en este caso al español frente al indígena, aquél asalta y conquista a éste, que de descubridor se vuelve descubierto, esto es, que lo hace pasar de sujeto a objeto, y al vencerlo hace de él su siervo o su esclavo. Es justamente lo que sucedió en nuestra América después del 12 de octubre. Pero para 1992, quinto centenario de la Conquista, las críticas latinoamericanas a la fecha eran enormes y nuestras poblaciones indígenas habían crecido mucho en fuerza y en conciencia. Por prudencia, España prefirió llamarlo Día del encuentro de dos mundos, nombre ridículo e hipócrita. En nuestros países se dijo con razón que España quería llamar encuentro lo que había sido un encontronazo; y en la propia España alcanzó amplia difusión un grupo español que protestaba bajo la consigna de Me cago en el quinto centenario.

El último intento, esta vez nuestro, honesto y patriótico, pero también erróneo, ha sido la idea de convertir el 12 de octubre en su contrario, en Día de la resistencia indígena. Pese a su buena intención y su defensa del indigenismo, esto es un doble error sobre el que llamé la atención desde el principio.

Error histórico porque no se puede cambiar el significado de una fecha real y definida para convertirla en su opuesta. Napoleón no ganó Waterloo ni Sucre perdió Ayacucho. No hubo ninguna resistencia indígena en 1492. Y ese primer 12 de octubre sería en todo caso Día de la ingenuidad indígena. Los habitantes de la islita de las Bahamas a la que llegaron los españoles los estaban esperando, celebraron su llegada sin saber lo que les esperaba, y les llevaron agua y frutas. Por prudencia, los españoles los trataron bien, les regalaron unos inútiles bonetes rojos, y a varios de ellos, que usaban narigueras de oro, se las cambiaron por platos rotos o por peloticas para adivinar. Y cuadros parecidos se reprodujeron en los meses siguientes.

Error político porque pese a su buena intención mantiene a nuestros gobiernos y a nuestros pueblos, y sobre todo a los indígenas, que no quieren celebrar su ingenuidad sino su rebeldía, atados a la fiesta colonial española, que España sigue celebrando con orgullo mediante consignas colonialistas, banderas y desfiles militares, en tanto nosotros pretendemos hacer de ella lo que no fue.

La resistencia indígena empieza poco después, en la isla Española. Antes de volver a España, Colón deja en ella a parte de su tripulación, hace construir para eso un fuerte, y se va. Los españoles empiezan pronto a atropellar a los indígenas y a violarles sus mujeres. Harto de esos atropellos, Caonabó, cacique de la Maguana, hoy tierra del actual Haití, reúne a su tribu y al frente de ella, a comienzos de 1493, asalta el fuerte, lo quema, y mata s todos los españoles. Ese sí fue el comienzo de la resistencia indígena. Resistencia que en las décadas siguientes va a reproducirse con otros héroes indígenas en todo el continente americano a medida que avanza la brutal conquista española.

Deberíamos salir del 12 de octubre, recordando esa resistencia indígena, que cubrió toda esta América, que fue y es gloria americana, que fue lucha heroica contra la opresión, haciendo que cada país nuestro, y mejor si lo hacemos todos juntos, recuerde y honre a esos héroes indígenas, pero que sea lejos de la fecha símbolo del colonialismo español.

 

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