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¿Re-editando la vida?

Caminas entre muertos y con ellos conversas / sobre cosas del tiempo futuro y negocios del espíritu. Carlos Drummond de Andrade, en Elegía 1938

¡Repeticiones palindrómicas cortas agrupadas y regularmente espaciadas! ¡Vaya nombre! Se conoce por sus siglas en inglés como Crispr y es una técnica que, según sus desarrolladores, permite editar partes del material genético de una manera más rápida, más barata y más precisa que otras técnicas convencionales de modificación genética como la cisgénesis y la transgénesis. Fueron las científicas Jennifer Doudna, de la Universidad de California-Berkeley (EE. UU.); y Emmanuelle Charpentier, de la Unidad Max Planck para la Ciencia de los Patógenos de Berlín (Alemania), quienes trajeron a la luz esta técnica, en 2012. Por ello, se les otorgó el Premio Nobel de Química, en 2020. Pero ¿de qué trata esta técnica que parece estar revolucionando el mundo científico… y empresarial?

El origen de este desarrollo tecnológico parte del descubrimiento de la presencia en bacterias de secuencias de ADN (material genético donde yace toda la información que nos hace biológicamente lo que somos) que se repiten y, de alguna manera, funcionan como autovacunas y protegen las bacterias portadoras de infecciones por virus. Dichas repeticiones, que se leen igual en ambas direcciones (son palindrómicas), contienen material genético de virus que han atacado a la bacteria en el pasado. De esta manera, si hay una nueva infección, la bacteria los reconoce y los neutraliza.

El mecanismo Crispr se activa mediante guías que identifican secuencias específicas del ADN del virus y la acción de una proteína (Cas9) que, cual tijera, corta el ADN y elimina trozos de este haciendo inefectiva la infección. Lo que las investigadoras Doudna y Charpentier descubrieron es la posibilidad de usar secuencias repetitivas palindrómicas diseñadas en el laboratorio y las “tijeras” moleculares que proporciona la proteína Cas9 para cortar ADN de una especie escogida y eliminar trozos de este o adicionar trozos, artificialmente diseñados en el espacio cortado. Esto es, reescribir el material genético, editar el material genético.

La técnica es, efectivamente, más sencilla; no requiere equipos especialmente sofisticados, por lo que es más barata y ha mostrado ser más precisa. A diferencia de la transgénesis, que introduce en una especie genes de otra especie, Crispr modifica genes ya existentes en la especie y se está convirtiendo en una herramienta ampliamente usada y sobre la cual se han generado potentes expectativas, tanto en agricultura como en medicina.

En agricultura, se han hecho investigaciones en diferentes cultivos, principalmente arroz y maíz; pero también tomates, soya, champiñones, etcétera. Las investigaciones van dirigidas a aumentar la productividad de los cultivos, así como a mejorar la tolerancia de las plantas a estrés abiótico (sequía, salinidad, calor) y biótico (enfermedades). Las investigaciones se realizan principalmente en China, EE. UU., Europa y Japón, y ya hay un número importante de empresas financiando estas investigaciones y patentando, por supuesto, los productos de la investigación.

Una vez más, el principal justificativo para estos desarrollos es la necesidad de garantizar los alimentos de la población humana, un justificativo que pierde sustento cuando la misma Organización de Naciones Unidas para la Agricultura y Alimentación (FAO) ha determinado que, en el mundo, se producen suficientes alimentos para toda la población. Si hay hambre en el mundo es por problemas ligados a la distribución de lo que se produce, al acaparamiento de alimentos y al poco acceso a los alimentos convertidos en mercancía en el sistema capitalista.

En un mundo donde, según la FAO, existen 690 millones de personas que sufren de hambre y 2000 millones de malnutrición, es claro que el modelo impulsado por la revolución verde no respondió a lo prometido. Por el contrario, aumentó la brecha entre ricos que comen y pobres malnutridos, empobreció los suelos y contaminó la tierra con el uso desmedido de plaguicidas y agrotóxicos en general. De los riesgos a la salud, a la naturaleza y a la soberanía alimentaria que implica el uso de transgénicos ya nos hemos referido en esta columna. Hoy, traemos la alerta sobre el uso de esta nueva técnica (Crispr), cuyos productos, por no introducir genes ajenos a la especie, quedan fuera de las regulaciones. Suecia, por ejemplo, determinó que los organismos resultantes del uso de Crispr no son organismos genéticamente modificados; por tanto, ¡escapan a toda regulación!

La edición genética sí es modificación genética y sus productos son, igualmente, patentados y apropiados por empresas que vulneran la libertad de campesinos y campesinas de producir, usar e intercambiar sus propias semillas. Los productos de estas modificaciones son heredables e impactan en el acervo genético de poblaciones enteras y alterando el curso de la evolución. Las implicaciones bioéticas son gigantes y no deben desestimarse. En Venezuela, se realizan importantes avances en torno a métodos alternativos que rescatan otros conocimientos y que piensan la agricultura como patrimonio de los pueblos, y no como negocio para el enriquecimiento de unos pocos. ¡Hacia allá debemos enfocarnos!

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