Recuerdo

El 17 de diciembre se recordó al Libertador y el Instituto de Estudios Simón Bolívar lo trajo de nuevo al corazón con un excelente ciclo de conferencias donde investigadores nacionales e internacionales debatieron acerca de su pensamiento y acción en la Universidad Bolivariana de Venezuela. Se presentaron durante 2 días 45 ponencias. ¡Felicitaciones! ¡Bolívar Vive!

En la Plaza Bolívar de Caracas una mujer gritaba: “¡Viva Bolívar! ¡Viva Chávez ¡Viva Cristo!”. Una trinidad propia de la sabiduría popular.

En 1842, los enemigos de la unidad colombiana y de Bolívar, repatriaron su cuerpo. ¿Por qué? Hay más de una respuesta. El acontecimiento es que sus restos mortales fueron inhumados en la Catedral de Caracas, después de las ceremonias en las iglesias de La Guaira y San Francisco, el 17 de diciembre de 1842, en medio de un solemne espectáculo ceremonial.

Desde esos días se inicia en Venezuela el proceso de elaboración del culto oficial como aparato ideológico de domiNACIÓN, que sirvió durante la IV República (nación oligárquica y burguesa) de somnífero para aletargar las agitadas y legítimas aspiraciones de libertad e igualdad del pueblo. Convirtiendo el culto popular a Bolívar en un culto contra el pueblo, como lo explica, documentada y profundamente, Pedro Calzadilla en El siglo de la pólvora. He allí una buena respuesta.

En su momento, aquel traslado se hizo tras la urgencia de arrebatarle el símbolo de mayor potencia al Partido Liberal. Pero la utilización partidista de Bolívar y la fragilidad del incipiente culto, no lograron despojar de su fuerza telúrica esa roca ígnea incrustada en el corazón del pueblo que es Bolívar. De allí la rebelión popular de 1846 y las rebeliones de los siglos XIX y XX. De allí, también, la reacción antipopular de las élites que fueron afinando el aparato represivo y coercitivo a lo largo de esos siglos, logrando períodos de control social.

Con Guzmán Blanco, el culto oficial a Bolívar se consolida, se encarcela en oropeles al insurgente Bolívar, se esconde su obra revolucionaria, se le convierte en una figura de culto y se lo roban del alma popular. Vana intención de esas gentes de corazón que no siente, ojos que no ven. Pablo Morillo sintió bien y vio: “esos pueblos son más insurgentes que Bolívar”.

Quebrado el letargo provocado por aquel somnífero, el corazón del pueblo se espabila y libera a Bolívar de la cárcel de mármol y bronce en que se encontraba. Nuestro destino victorioso nos recuerda: ¡Chávez corazón del pueblo!