Reforma o revolución

La obra de Rosa Luxemburgo, “Reforma o Revolución”, sigue siendo la mejor respuesta a los teóricos reformistas de todos los tiempos y, al leerla, nos damos cuenta que la reforma y la revolución no podrán encontrarse con el mismo fin, pues, esos caminos se bifurcan porque tienen destinos diferentes; o como ella lo dice en su clásico texto: “la reforma y la revolución no son, por tanto, distintos métodos de progreso histórico que puedan elegirse libremente en el mostrador de la historia,como cuando se eligen salchichas calientes o frías, sino que son momentos distintos en el desarrollo de la sociedad de clases, que se condicionan y complementan entre sí y al mismo tiempo se excluyen mutuamente, como el Polo Norte y el Polo Sur o la burguesía y el proletariado”. Así lo dijo. O sea, no se puede pensar en la implantación del socialismo mediante reformas sociales.Sin embargo, el revisionismo acarició la idea de una reforma de la propiedad y del Estado capitalistas en un sentido socialista. Era la teoría de Bernstein de adaptación del capitalismo, y Rosa Luxemburgo, revolucionaria, preguntaba:Pero, ¿qué ocurre cuando la teoría se traslada a la práctica?.

Han transcurrido 120 años de la primera edición de “Reforma o Revolución” y sigue siendo un libro para ser leído por todos y por la izquierda en cualquier lugar del mundo. El tiempo pasa y el texto mantiene actualidad,en especial para nosotros. ¿En qué pensamos y hacia dónde vamos cuando se habla de revolución en Venezuela?¿Estamos en el camino correcto o confundidos en reformas sociales? Rosa Luxemburgo cita a Marx cuando él expresa que las revoluciones burguesas,como las del siglo XVIII, avanzan arrolladoras de éxito en éxito, los hombres y las cosas parecen iluminados por fuegos artificiales, el éxtasis es el espíritu de cada día; pero estas revoluciones son de corta vida, llegan a su apogeo y una larga depresión se apodera de la sociedad. En cambio, las revoluciones proletarias, como las del siglo XIX, se critican así mismas, se interrumpen en su propia marcha, vuelven sobre lo que parecía terminado para comenzarlo de nuevo, retroceden constantemente aterradas ante la vaga enormidad de sus propios fines, hasta llegar a una situación que no permite volverse atrás y las propias circunstancias gritan, como en la fábula de Esopo: ¡Aquí está Rodas, salta aquí!, es decir: demuestra con hechos lo que eres capaz de hacer.  

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