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Regreso a clases

Me reúno por primera vez en mucho tiempo con mis estudiantes de la Universidad Nacional Experimental de las Artes (Unearte) y pienso que no ha sido nada fácil permanecer en aislamiento. Son estudiantes que recién ingresan a la universidad, tienen como mínimo año y medio (2 años escolares) sin asistir a la escuela. Hasta las capacidades para interactuar con un entorno adulto pueden haberse visto resentidas. Sobre todo si hoy tienes 17 y antes de la cuarentena tenías 15. ¿No es en esos años que se empieza a tener un trato de más confianza con profesoras y profesores?

La escuela enseña de todo (mal, bien o regular), pero es en primer lugar un espacio de socialización, uno que debiera estar diseñado especialmente para la convivencia. Y aunque en el liceo se piense más en la enseñanza (o muchas veces en el “control” que parece ser para muchos la preocupación principal), en efecto es un espacio por excelencia para compartir. Buena parte de las chamas y chamos que se sienten entusiasmados por el retorno a los planteles, piensan primero en las amigas y amigos (reales o potenciales), mucho más que en las “tareas”. Y tienen razón, todas y todos aprendemos de todas y todos. No sólo estudiantes de profesores y profesoras, sino también unos estudiantes de otros y otras.

En la separación obligatoria, puede que en muchos se haya producido un desprendimiento de sus expectativas escolares, habrá que hacer un esfuerzo especial para buscarles. Muchos de quienes viven en apartamentos y se crían de la mano de YouTube y los juegos de video, empiezan a hablar con acento extranjero, cuando no como una voz simulada por computadora. A veces, los medios que bien pudieran contribuir a ampliar nuestras oportunidades de aprendizaje y de vida, se vuelven contra nosotros. Se aprende a vivir y convivir en la compleja y exigente vida real.

Queremos una escuela de la vida, que nos acompañe a construir nuestra propia palabra y nuestra visión crítica del mundo. Una que contribuya al desarrollo de las potencialidades humanas, como establecen la Constitución y la ley. Una que nos reconcilie con la naturaleza de la que formamos parte. Si vive en Caracas, levante la cabeza y mire las guacamayas amarillas y azules, los loros y las garzas del Guaire, que las hay blancas y negras. Si vive en Apure, ni se diga.