Revoltosos extraviados

Los dos grandes momentos del capitalismo en la historia contemporánea, fueron la caída del bloque soviético, refrendada con el derribamiento del Muro de Berlín, y el surgimiento de la teoría del golpe suave para derrocar gobiernos incómodos al sistema neoliberal, desarrollada por un cagalitroso norteamericano en un escueto panfleto de unas diez páginas al que, ante el bochorno de ser un postulado teórico que no llegaba ni a ensayo, denominaron simplemente “El manual de Gene Sharp”.

Su ascenso fue más que vertiginoso desde principios de los años ochentas, cuando las revueltas en algunos países del viejo mundo comenzaron a adquirir notoriedad por su inusual carácter de “revoluciones de derecha” que eran meticulosamente escondidas tras denominaciones de apariencia despolitizada y pacífica, como aquello de “Revoluciones de colores”, para aparentar una muy fingida legitimidad popular y darle a la vez un rostro de origen académico y no político a los alzamientos cuando en realidad no se trataba sino de acciones mercenarias pagadas siempre por el imperio norteamericano.

El panfleto era todo un dechado de puerilidades (como la mayoría de la literatura política norteamericana) resumido en una absurda fórmula de falso corte revolucionario que consistía en salir a la calle aparentando civismo, pero con la aviesa intención definitiva de provocar la represión por parte del gobierno y poder entonces acusarlo de violento.

Así pasó en Serbia, en Ucrania, en Egipto, en Irán, Birmania, Tailandia, Indonesia. Infinidad de organizaciones de derecha comenzaron a estudiar su panfleto como quien estudia los Manuscritos del Mar Muerto y se crearon institutos y centros de difusión para su “obra” con una rapidez inusitada.

Se sintieron tan orgullosos entonces que hasta un Premio Nobel estuvieron a punto de otorgarle a Sharp, al que llegaron a catalogar de “científico social”.

Pero ahora, con tantos y tan crudos alzamientos verdaderamente populares como los hay en Francia, en España, en Chile, y en las decenas de ciudades norteamericanas en las que las protestas permanentes contra los gobiernos neoliberales son casi el anuncio de una gran emancipación mundial de los pueblos, nadie sabe dónde pueden estar metidos todos aquellos cultores del inefable manual del gringo.

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