Rutina

Las elecciones regionales y municipales son más bien un asunto de rutina. En Venezuela, el único factor de estrés viene de afuera: a Kevin O’Reilly, subsecretario adjunto para las Américas del Departamento de Estado (a quien nadie había oído nombrar antes) le parece que “no se dan las condiciones para unas elecciones libres y justas” y a ningún periodista se le ocurrió preguntar por qué. Los aficionados a las bombas son capturados intentando un sabotaje contra los depósitos del Consejo Nacional Electoral. Ambos resultan cartuchos quemados, y el proceso electoral continúa.

Bien vistas, las elecciones de este 21 de noviembre no son ni remotamente una sola. Son 335 elecciones para alcaldesas o alcaldes, y otras 335 para la elección de concejalas y concejales. A ellas se suman la elección de 23 gobernaciones y 23 consejos estadales legislativos. Por eso los cargos a elegir son miles.

Tan múltiples como las elecciones serán los resultados. Si nos fijamos en las últimas elecciones a alcaldías donde participó oficialmente la oposición abstencionista (2013), podemos decir que fueron ampliamente dominadas por el chavismo, no obstante en unos cuantos municipios esa oposición (que tantas veces ha cuestionado el sistema electoral) triunfó: Por ejemplo, en Chacao, Los Salias, Baruta, El Hatillo o el municipio Sucre del estado Miranda, o en los municipios San Diego del estado Carabobo y Diego Bautista Urbaneja del estado Anzoátegui. La distribución electoral refleja la composición social.

Elecciones múltiples con resultados múltiples que dan cuenta de un país diverso y una pluralidad política. Así ha sido, salvo en aquellos procesos electorales en que algunos sectores se han abstenido y llamado activamente a deslegitimar el proceso.

Uno puede quedarse en la descripción, casi desapasionada, y es evidente el dinamismo de la democracia venezolana, pese a todas las agresiones y descalificaciones. Si hay imperfecciones (que por supuesto, las hay) le pedimos a otra gente que se declare perfecta. Con sus ojos y oídos, las observadoras y observadores extranjeros podrán verificarlo. Ojalá no sea para intentar forzar el brazo de un pueblo que se ha mostrado tan fuerte como los maestros de kung fu de las películas.

Todo parece tan evidente que parece aburrido. Pero hay que repetirlo.

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