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Salida salomónica

El ministro de la Defensa de Guatemala, Henry Reyes Chirgua, dejó correr por las redes un video que habla de la instauración de la pena de muerte, y habla de castigar a los congresantes de ese país, si no se la aprueban. “Militarizaremos las cárceles, o se rinden o se mueren… vamos a aplicar la pena de muerte y también al extorsionista y al corrupto… vamos a ver cuando se mueran los primeros cinco fusilados, si los demás van a querer seguir robando. En tiempos dramáticos hay que tomar decisiones dramáticas… no voy a dar medio paso para atrás… sí se puede, y sí lo vamos a hacer… yo no soy quién para perdonar a los criminales, eso queda en manos de Dios, yo solo me encargaría de enviárselos a él directo…”, dijo.

Yo era reportero en la primera Asamblea Nacional Constituyente cuando un grupo de personas, organizadas en un comité, presentaron un proyecto que proponía la pena de muerte en Venezuela. El proyecto estaba respaldado por 17.000 firmas. El domingo de esa misma semana, en el Alo Presidente de Hugo que entonces se trasmitía desde Radio Nacional ubicada en Chapellín, una periodista extranjera le preguntó sobre la propuesta. De inmediato dijo que no estaba de acuerdo con la pena de muerte, porque era cristiano.

La pena de muerte es una idea que viene rondando la cabeza de muchísimas personas desde hace unos diez años. La mayoría no se atreve a hablar sobre el tema públicamente, pero lo han planteado en reuniones pequeñas. “Esta humanidad está vuelta mierda camaradas. A estas nuevas generaciones no les importa un carajo nada. Si quieres recuperar algo de la vida, no hay otra salida que no sea la pena de muerte. Fíjate en Filipinas, donde el tipo ese Duterte le pasó por encima a todo el mundo. Al que encuentran con un tabaco de marihuana, lo matan como a un perro. Ya no tienes salida, si no es la pena de muerte”, nos explicaba un camarada a un grupo de amigos.

En China existe la pena de muerte para delincuentes y corruptos. Y muy pocos corruptos se han salvado de ella, por cierto. Hace poco, ejecutaron a tres hermanos que dirigían una empresa de gas y tenían una colección de 60 carros antiguos, a costa de la necesidad de la gente. Nayib Bukele le ha dado con todo a la delincuencia en El Salvador, solo le falta la pena de muerte, y tiene callado al Parlamento, porque está profundamente corrompido.

Están corriendo nuevos tiempos, donde la ignorancia pareciera llevar la delantera. No acercamos a una nueva edición de la Inquisición… como una salida salomónica. Pobre humanidad.

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