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Se multiplicó

En Latinoamérica, la presencia de Hugo Chávez, y muy fundamentalmente de sus ideas de justicia e igualdad social, sigue teniendo una vigencia poderosa que impacta incluso entre los sectores que le fueron adversos a lo largo de su trayectoria como líder de una revolución que estremeció al continente y que dio de qué hablar en el mundo entero, en virtud de su valiente y aguerrido carácter humanista a la vez que antiimperialista como pocos lograron hilvanar con su elocuencia desde hacía siglos.

¿Pero, por qué el recuerdo de Chávez no se circunscribe al convencional espacio del liderazgo, como el de esas intrascendentes figuras cuya vigencia por lo general se reduce al efímero afecto entre su militancia, sino que logra, como en su caso, traspasar los linderos de la política, de las fronteras, e incluso al ineluctable riesgo del desgaste o desactualización de sus ideas por el paso del tiempo?

Porque Chávez no colocó por delante en su discurso el fraseo retórico del estadista convencional que busca reivindicar siempre una gestión de gobierno o hacer cuando mucho un saludo a la bandera para quedar bien con la audiencia, sino que colocó al pueblo ancestralmente excluido por la indiferencia de gobiernos que sin modificar para nada las estructuras del estado burgués capitalista solo procuran su propia sobrevivencia.

Chávez irrumpió como una tromba en esa cristalería que era la apolillada diplomacia internacional para la que todo cambio es inadmisible e incluso hasta impensable, con una propuesta de profundo carácter transformador pero teniendo siempre al ser humano como eje de su lucha por hacer del mundo un espacio justo y verdaderamente vivible para todos y no para unos pocos.

Su trascendencia y su perdurabilidad están determinadas principalmente no solo por la grandeza de su verbo y de sus ideas revolucionarias, sino por el hecho de no haberse quedado nunca en las palabras. Por haber llevado a la práctica con su humanista acción transformadora que jamás se arrodilló al imperio todo cuanto predicó y convirtió siempre en hechos concretos que el pueblo podía palpar y hacer suyos como realidad maravillosa e incontrovertible.

Por eso nunca una frase del pueblo ha sido tan afortunada y certera como la que reza: “Chávez no murió… se multiplicó”.

@SoyAranguibel

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