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¿Seguro que es innovación?

Hoy día, pareciera que la «innovación» está en todas partes. Ciertamente, presente en el mundo de la tecnología, pero también en el ámbito de las palabras: la innovación se discute en la literatura científica y técnica, en las ciencias sociales como historia, sociología, administración y economía, en las humanidades, en las artes, incluso cuando se planifica un fin de semana en la playa es posible escuchar a alguno que temerariamente está dispuesto a «innovar». Por ello, la innovación también es una idea central en el imaginario popular, en los medios, en las políticas públicas y forma parte del vocabulario de todos. En pocas palabras, la innovación se ha convertido en el emblema de la sociedad moderna, una panacea para resolver muchos problemas y un fenómeno a estudiar.

Nowotny, célebre investigadora, define nuestra época como «una fascinación y una búsqueda perpetua de la innovación».

Quisiera conducir al lector por la interesante historia de cómo llegamos a acuñar este término como panacea de la evolución de una sociedad a pesar de que puebla nuestro vocabulario por tan solo unas décadas. Muchas veces esta palabra ha secuestrado nuestras buenas intenciones por mejorar un producto o un proceso, incluso la planificación de un día de playa.

La extensión de esta reflexión previene dilatarme en explicaciones históricas. Baste decir, por ahora, que «novación» es un término que apareció por primera vez en derecho en el siglo XIII. Significaba renovar una obligación cambiando un contrato por un nuevo deudor. El término rara vez se usaba en las diversas artes y ciencias antes del siglo XX. Crear e inventar eran palabras preferidas para el poder productivo y las habilidades creativas del hombre.

Es importante añadir que Maquiavelo y Bacon están entre los pocos que dedicaron unas primeras páginas a la innovación, refiriéndose a ella como cambio, pero no como creatividad. De hecho, como ocurre con la imitación, la innovación fue peyorativa durante un buen tiempo. Hasta el siglo XIX, un «novador» seguía siendo una persona sospechosa, de la que era recomendable desconfiar.

Antes del siglo XX, por ortodoxia, la innovación fue considerada herejía, y más de uno quemado por estar innovando.

En esencia, es muy posible que el secuestro de nuestro discurso por la «innovación» signifique que deseamos expresar algo original. Por ello, sugiero que conozcamos dos vocablos: imitación e invención. Es posible que ellos describan mejor nuestra animosidad y deseo por el crecimiento sostenido, tanto individual, como el del país.

Cierro esta reflexión con esta frase célebre atribuida a Picasso:

«Los buenos artistas copian, grandes artistas roban».

Si Picasso realmente lo dijo está abierto a debate, pero es una idea extremadamente valiosa para cualquier persona interesada en desarrollar su capacidad de pensar creativamente, por lo que conocer las diferencias entre innovación, imitación e invención es indispensable para cualquiera en estos tiempos.

Nos vemos en la próxima reflexión para conocer más.

*El autor es Presidente del Observatorio Nacional de Ciencia, Tecnología e Innovación

@betancourt_phd

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