Signos de esperanza

Desde tiempos inmemoriales, la llegada de un nuevo año trae consigo la expectativa común de un porvenir venturoso, independientemente de la realidad objetiva que le preceda. Asociado al nacimiento del niño Dios y a la conmemoración del arribo de los Reyes Magos en un mismo periodo de apenas pocos días, el carácter del año nuevo es el del alumbramiento de la esperanza.

En la Venezuela actual, esos signos esperanzadores prevalecen más allá de las profundas limitaciones a las que ha sido sometido nuestro pueblo con el criminal asedio que hoy castiga de manera despiadada la irreductible vocación independiente y soberana del mismo.

Hay, claro que sí, muchos problemas que deben resolverse para poder alcanzar el estado de bienestar al que tiene derecho ese pueblo, que con tanto coraje lucha día a día por recuperar y sostener el logro de inclusión y de justicia social que solamente la Revolución Bolivariana le ha deparado en casi dos siglos de lucha, y que vilmente le fue arrebatado por la insaciable sed de poder de una camarilla de dirigentes de la oposición que han trabajado incansablemente durante años por la destrucción y el entreguismo de la Patria.

La elección e instalación de un nuevo parlamento de indiscutible mayoría revolucionaria, es uno de esos signos inequívocos del auspicioso tiempo de buenas nuevas que se avecina, y en el cual el pueblo ha cifrado sus más sentidas esperanzas precisamente por el carácter eminentemente popular de su conformación. Si algo queda claro, es que la nueva Asamblea Nacional ya no es más el centro del poder de la oligarquía vendepatria que tanto daño le causó a las venezolanas y los venezolanos el último lustro.

Otro signo indiscutible de un mejor porvenir, es sin lugar a dudas la estruendosa defenestración del abominable presidente de los Estados Unidos que impulsó desde la Casa Blanca la brutal agresión vertida contra nuestro país en ese mismo lapso nefasto en el que la derecha controló el parlamento venezolano. Ya ese demente sin solución pasará a la historia como el desquiciado que puso al mundo al borde de una tercera (y quizás última) conflagración mundial por su sola naturaleza arrogante y supremacista.
Pero, el más alentador, es que ya no habrá un Guaidó perturbando la vida del país.

@SoyAranguibel

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