Solidaridad con el pueblo colombiano

Las miradas en los últimos días se han posado sobre el pueblo colombiano. Es imposible ser indiferente a sus movilizaciones, consignas y reflexiones. Es imposible ser indiferentes a la brutalidad con la cual el gobierno de Duque ha reprimido estas manifestaciones dentro de la convocatoria al paro nacional.

Las empresas y medios de comunicación hegemónicos nos han acostumbrado, contemplar a un pueblo colombiano domesticado, en un péndulo que se mueve entre el servilismo y la delincuencia. Esta imagen está cambiando, desde hace ya varios años.

En esta oportunidad los hermanos y hermanas colombianas se movilizan en el marco del rechazo a la reforma tributaria impulsada por Duque. Desde la víspera del 1º de mayo, andan por toda toda la geografía colombiana, con tal obstinación que han logrado parar la reforma, que como siempre colocaba la base de la recaudación fiscal en las espaldas de los que trabajan, exceptuando a los más ricos.

La respuesta ha sido una represión brutal, que sigue contando fallecidos, heridos y detenidos, con la anuencia de los actores pro estadounidenses de siempre. El Grupo de Lima, silencio, pues su voz es selectiva. La Organización de Estados Americanos mira hacia otros lados. La Organización de las Naciones Unidas y la Unión Europea, declaran con cautela.

El paro nacional ha logrado su cometido inicial, pero las organizaciones sociales y los ciudadanas van por más, demandan democracia, el cese de la masacre continuada de líderes y lideresas sociales, la renuncia de Duque, entre otros asuntos. ¿habrá marcha atrás?, lo dudo.

Ahora, la oligarquía colombiana es una de las más rancias y mañosas de nuestro hemisferio, de tal manera que no solo asoman sus maneras más violentas, sino que están haciendo los arreglos políticos para sortear la crisis reciente. Es por ello que en nuestro hermano pueblo colombiano, surge un desafío clave: dotarse de una dirección política que sea capaz de expresarse en diferentes escenarios y que supere los vicios y problemas de las iniciativas previas, con el propósito de garantizar la fidelidad al espíritu mostrado en las protestas.

Todo este cuento, es para decir que me sumo a todas las voces que desde nuestra América gritan, ¡solidaridad con el hermano pueblo colombiano!.

 

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