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Tercera Guerra Mundial

Lea aquí el artículo de Agustín Blanco Muñoz

Se acaba de cumplir,  el 06 y 09 de este agosto, el 77 aniversario de dos  momentos de un espantoso dolor  por la masacre con bombas atómicas de que fueron víctimas Hiroshima y Nagasaki, por parte de los Estados Unidos. El presidente Harry S Truman dio las órdenes genocidas con apenas horas de diferencia. Más de 100 mil seres humanos caen fulminados en minutos y muchos otros miles quedan moribundos o lisiados, a consecuencia de un terror propio de los grandes asesinos de la historia mundial.

Y con esta acción, el ahora fortalecido  imperio yanqui da un ultimátum al japonés y muestra de lo que es capaz en el terreno nuclear. Su ciencia-tecnología está, ante todo, al servicio de la muerte-destrucción. Hubo una inmensa condena a esta acción criminal sin precedente. Japón ya estaba materialmente entregado. No tenía posibilidades de recuperación. EEUU lo sabía. Pero se supone debía exhibir una muestra contundente de su poderío. El 02 de septiembre se da el enuncio definitivo de su rendición. Ya lo había hecho Alemania.

La guerra termina. Los triunfadores encabezados por EEUU, Rusia y Reino Unido celebran y toman medidas de recuperación. Las pérdidas materiales y humanas son considerables. Algunos analistas calculan en 100 millones los muertos.

Surge así la ‘guerra fría’. Las diferencias ideológicas, políticas, económicas y la propia experiencia histórica dicen que la guerra continúa. Y el acuerdo ahora es hacerla por medios que pueden ser violentos, pero no sangrientos.  Es una confrontación que va desde lo diplomático hasta lo virtual y otros mecanismos como espionaje, saboteo, amenazas, chantajes, actuaciones violentas que se hermanan con la mediática dirigidas todas al control social y la estabilidad institucional, que permita el ataque y la defensa de las respectivas potencias.

Es entonces una ‘guerra fría’ que se calienta en casos como la guerra de Corea, el conflicto árabe-israelí, la invasión a Afganistán, la guerra de Vietnam o el derrocamiento de Salvador Allende. Queda claro así, que el mundo milenario de la propiedad-ganancia-explotación no puede vivir, actuar, realizarse sin guerra. Por eso, este mundo es guerra y la paz, fría o no, una mentira. Y cuando se habla de primera, segunda o una posible tercera guerra mundial, nada se precisa.

Sancho, ¡Sólo en un mundo sin explotación y con un hombre-humanidad verdadero podrá acabarse toda guerra!

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