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Tricentenario universitario

En el marco de los 300 años de la Universidad Central de Venezuela, el Centro de Investigaciones Educativas de la Escuela de Educación y el Centro Rodrigueano de Investigación Social para la Latinoamericanidad, bautizaron este 22 de diciembre el libro colectivo Tricentenario de la casa que vence la sombra. Las autoras y autores, conscientes de que la universidad colonial y neocolonial todavía pervive en muchos de sus rasgos académicos, culturales y políticos, asumen que a pesar de la derrota sufrida en el proceso de renovación universitaria de finales de los años 60 del siglo XX en sus demandas político-ideológicas y pedagógico-curriculares descolonizadoras, hoy luchan, piensan y escriben con la pretensión última de implosionar el canon eurocéntrico que define a la casa de estudios en pos de una racionalidad que la refunde tal como lo aspiró el Libertador del Mediodía de América.

Durante la actividad, las autoridades universitarias, las autoras y autores reflexionaron el tricentenario de la universidad a partir de premisas descolonizadoras, expusieron la pluralidad de enfoques político-ideológicos y socio-históricos que conforman a la universidad hoy y aportaron ideas y posiciones político-ideológicas para el necesario debate a favor de una transformación pedagógico-curricular esencialmente bolivariana.

En el discurso de instalación de la Universidad de Chile, el 17 de septiembre de 1843, Andrés Bello pregunta ¿Estaremos todavía condenados a repetir servilmente las lecciones de la ciencia europea, sin atrevernos a discutirlas, a ilustrarlas con aplicaciones locales a darles una estampa de nacionalidad? Su respuesta es contundente: “si no fuésemos capaces de hacerlo, no haríamos sino traicionar el espíritu de la misma ciencia que nos prescribe el examen, la observación atenta y prolija, la discusión libre, la convicción concienzuda”.

En el acto salió a relucir el libro Consejos de amigo dados al Colejio de Latacunga, de Simón Rodríguez, en el que el visionario caraqueño aconseja al rector: “si usted desea, como lo creo, que mi trabajo y los gastos no se pierdan, emprenda su escuela con indios. Bien merecen los dueños del país – los que mantienen el gobierno y la iglesia con su dinero, y a los particulares con su trabajo, que enseñen a sus hijos a hablar, a escribir, a llevar cuentas, y a tratar con decencia, aunque no sea más que para que sirvan bien a los amos que la Divina Providencia les ha dado con encargo de mostrarles el camino del cielo de blanquitos”.