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Una política antieconómica

La mesa de negociación entre el Gobierno y la oposición está consolidada y caminando. Todo indica que, tarde o temprano, de allí saldrá una vía política para estabilizar el país y que los venezolanos recuperemos la normalidad institucional necesaria para reactivar la vida económica y social. Pero de aquí hasta allá hay un espacio de espinosa incertidumbre. Sucede que, cuando la polvareda de la crisis política se asienta, se clarifica el panorama de lo real y el rugido de la crisis económica se hace escuchar con toda su crudeza.

El año 2019 trajo consigo una vorágine de conflictividad que, una vez más, polarizó de tal manera la vida nacional que algo tan importante como el debate sobre la economía doméstica se ha visto eclipsado por la escena política. Para todo el mundo está claro que lo económico forma parte de lo político y viceversa; ambos elementos se definen y se determinan, se complementan y se parasitan. Sin embargo, las narrativas dominantes han coincidido en la tendencia de asumir que una eventual solución económica tiene necesariamente que esperar a que se consume un desenlace político, sea cual fuere.

Mientras tanto, el elemento productivo de toda sociedad, el trabajo, ha sufrido una avasallante depauperación. Los salarios están por el piso, lo que erosiona de forma contundente la productividad y estimula un preocupante abandono laboral. El Gobierno ha optado por pretender paliar la hiperinflación mediante la contracción del consumo, contraviniendo la doctrina económica del chavismo al mantener el sueldo mínimo en niveles reptiles y permitir que los precios vuelen, no según los vientos de la mitológica ley de oferta y demanda, sino a la conveniencia especuladora de las clases propietarias.

Si bien en el plano político el enfrentamiento entre Gobierno y burguesía se muestra irreconciliable, en lo económico parece existir una soterrada y sorprendente convergencia. Quienes soportan lo peor de la crisis no son los políticos ni los empresarios, sino las clases populares. Y tal situación difícilmente terminará por favorecer políticamente al chavismo. Ante un eventual escenario electoral producto del diálogo, el Gobierno, para mostrarse competitivo, deberá abandonar el delirio neoliberal y recuperar la política de aumento y defensa del salario. @ÁngelDanielCCS

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