Urge intervenir en asuntos internos de España

Como toda regla que se respete, en las relaciones entre América Latina y España debería permitirse una excepción a la norma, hecha Principio, de No Intervención en los asuntos internos, a los fines de que nuestra mestiza gente haga aportes que contribuyan a poner freno, con carácter de urgencia, a la degradante, borrascosa y estrepitosa caída del nivel intelectual y moral de los debates políticos y no tan políticos que abundan hoy en la nación ibérica.

Quizás en algunos países del difunto Grupo de Lima, miembros aún del vetusto Ministerio de las Colonias, haya personas que no se atrevan a traspasar la delimitación patria de las decisiones soberanas, pero en otras naciones, incluida en nuestra hermosa Venezuela, seguro hay gente dispuesta a impedir que las insulsas, atascadas y bizantinas polémicas continúen inmersas en las banalidades y bajezas que florecen en las telebasuras de los políticos y las políticas españolas, cargadas de machismo, misóginos, xenofobias, en los cuales hacen burla, con grueso publico incluido, de asuntos tan delicados como las amenazas de muerte.

La tarea no es sencilla. La génesis de tantas estulticias mediàticas y políticas, o viceversa, tiene vieja data. Sus párvulos balbuceos vieron la luz al término, en 1939, de la Guerra Civil, con el triunfo del Caudillo de España por la Gracia de Dios, Francisco Franco, y de Josemaría Escrivá Balaguer, cuyas normas de buenos modales acatadas por fieles beatos católicos establecían que los mujeres casadas siempre tienen intereses triviales, su obligación es cocinar lo que le gusta a su marido, quitarle los zapatos, ser discreta, hablar en tono bajo; jamás pedir explicaciones, estar siempre guapas y ordenadas, tener presente que él manda, cumplir con las “obligaciones matrimoniales” cuando y como él quiera, en fin,  todo un catálogo moral que hoy le otorga a España el liderazgo europeo en número de burdeles por habitantes y a los españoles el récord de ser los mayores pagadores de putas.

Genera sentimiento de culpa. Pero para desgracia de España y beneficio nuestro, tras el Golpe militar que derrocó a la Republica y asesinó a los poetas Federico García Lorca y a Miguel Hernández, el grueso del mejor intelecto ibérico se vino a nuestras tierras para nutrir de ideas y quehaceres innovadores e imborrables a la política, la cinematografía, la literatura, la infraestructura, la arquitectura, la educación, la agricultura y ni hablar de la gastronomía y sus vinos. Y mientras México apenas si se le prestó a Luis Buñuel un ratico para el rodaje de la monumental Viridiana, y no cedió un cuadrito de acetato tras enriquecerse con Los Olvidados, nosotros aquí disfrutamos de los estudios de Andrés Bello, la historia de la imprenta o de Las añoranzas de Caracas escritas por el grande Pedro Grases.

La lista es inmensa. Los filósofos Juan David García Bacca, Juan Nuño y Federico Riu nos dejaron una cofradía de tan buenas ideas que, hasta un amigo no español, Ángel Rosenblat, se enamoró y dedicó su vida al estudio del gran legado cultural de España en América: la lengua. Mucha de la grandeza de nuestra Universidad Central de Venezuela proviene de los dignos y grandes aportes de estos pensadores.

Por el lado de las ciencias, bastaría con recordar al inolvidable González León, profesor de Química Orgánica, sin cuyas magistrales e impecables clases en la impertinente y vilmente cerrada Escuela Técnica Industrial Luis Caballero Mejías, de Los Chaguaramos, Venezuela no hubiese alcanzado el tope histórico de producción de 3.7 millones de barriles diarios en 1970. Quién sabe en cuál G de la tecnología celular estaría Venezuela hoy de haber continuado formando futuro la especialidad de Electrónica.

Gracias a ese legado sembrado en nuestras tierras, y siempre con el permiso de los partidos VOX, Ciudadanos, PP, PSOE, adoptando las respectivas y necesarias medidas de estiércolseguridad, hoy le proponemos a España con orgullo y hasta con cierto derecho que nos permita hacernos partícipes de las bizantinas, idiotizantes y sordinas diatribas políticas, a ver si al menos logramos frenar que sigan desbaratando al futuro cervantino con las aguas servidas de la telebasura y la degradación política, parafraseando a Miguel de Unamuno.

 

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