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Venezuela, de una economía inducida a una economía emancipada

La hiperinflación inducida es como algunos analistas criollos han calificado la terrible espiral de alza de precios permanente que ha padecido Venezuela en los últimos 6 a 7 años. Ya se tiene el nombre del fenómeno socio-económico pero aun poco o nada se sabe en cuanto a su entendimiento, explicación, comprensión. Las soluciones tradicionales no resuelven el problema. En esta reflexión se propone, brevemente, explicar esta inducción echando mano de la analogía con la inducción electromagnética, salvando las distancias.

Los económistas indican que se da la hiperinflación cuando se registra mensualmente una inflación elevada y a la vez una pérdida sostenida de valor de la moneda. El profesor Steve Hanke, académico de la Universidad Johns Hopkins, en declaraciones a la prensa internacional, en relación al tema manifestó “por convención, la profesión académica acepta que existe hiperinflación cuando la tasa de inflación supera el 50% mensual” y agrega “… anualizada esto representa 13.000 %”.

También, en la comunidad de economistas se sostiene que la hiperinflación ocurre cuando hay un rápido incremento en la cantidad de dinero circulante. La profesora Pascualina Curcio tiene un extenso trabajo cuantificando la hiperinflación y la oferta monetaria, en los años recientes, en el que demuestra que esta hipótesis no se cumple para el caso de Venezuela.

Esta aproximación al fenómeno de hiperinflación, aunque no lo define, ayuda a diferenciarlo del fenómeno de inflación, queda por averiguar qué se le quiere agregar con el adjetivo de inducida.

El término inducida, intuitivamente, implica una causa extraña a la habitualmente conocida para generar el fenómeno de la inflación o hiperinflación; es decir, la ley de oferta y demanda, la teoría cuantitativa del dinero, la teoría cualitativa del dinero, la curva de Philips ‒que relaciona el desempleo vs. inflación‒, entre otras teorías, no sirve para explicar el fenómeno inflación, en el caso particular de la Venezuela actual.

Una analogía audaz para abrir nuevo camino de abordaje

Hasta 1821, se conocían, en el mundo occidental por separado, dos fenómenos físicos producidos por las cargas eléctricas. En principio, debido a la interacción entre la cargas eléctricas —atracción y repulsión—, fijas y en movimiento, se crean dos campos de fuerzas a los que se les denominó campo eléctrico y campo magnético, respectivamente. ¿Qué aconteció en el mencionado año?, el físico y químico danés Hans Christian Ørsted descubrió el electromagnetismo —la interacción entre estos dos campos—, al notar que la orientación de la aguja de una brújula se veía perturbada al acercarle un circuito eléctrico.

Este hallazgo motivó los estudios y experimentos de laboratorio del científico inglés Micheal Faraday. En 1832, éste descubrió que si movía un imán a través de un cable encerrado en forma de bucle, una corriente eléctrica fluía en el cable. La corriente eléctrica también fluía si el bucle se movía sobre un imán estacionario. En otro experimento que consistía de dos bobinas de alambre aisladas y enrolladas alrededor de un anillo de hierro común, descubrió que al pasar una corriente a través de una de las bobinas, se inducía una corriente momentánea en la otra bobina. Este fenómeno se conoce como inducción electromagnética o ley de inducción de Faraday, este es el principio básico de operación de los transformadores, los inductores, los motores eléctricos, los generadores y los solenoides.

Hasta aquí con el electromagnetismo, a partir de este viaje plantearemos algunas premisas para sustentar una propuesta que nos permita comprender la llamada hiperinflación inducida, fenómeno socio-económico, que como se intuyó es influido por fenómenos socio-económicos aparentemente separados que interactúan entre sí:

  1. El mercado es el espacio donde se da el intercambio de valores
  2. El precio es solo la expresión monetaria de un valor.
  3. La producción y el consumo de bienes y servicios, también se denomina producción de valor y realización de valor —en esta última se incluye el consumo, la intermediación comercial y financiera, el transporte y la distribución.
  4. La moneda o dinero es una Forma General Equivalente de Valor; es decir, un medio que permite medir y reservar transitoriamente el valor de cualquier bien o servicio para facilitar el intercambio, pero también es en sí una mercancía que puede cambiar de valor en un mercado de dinero internacional.
  5. La inflación o deflación son manifestaciones de cambios de valor, al alza o a la baja.

Como vemos hay un elemento común en estas premisas “el valor”, lo cual nos hace suponer que se debería comenzar por descubir que lo determina si es posible, que incide en sus cambios. Aquí surge un pequeño gran detalle, el valor no es una magnitud física o química propia de la materia de la que se pueda extraer, bajo estudio y experimentación, una ley. Como hizo Faraday con el electromagnetismo, por ejemplo.

Es un asunto engorroso, al que muchos le huyen. Adam Smith, David Ricardo y Carlos Marx eran partidarios de la teoria del valor-trabajo, la que aun emplean muchos economistas. En cambio los economistas neoclásicos proponen la teoría del valor subjetivo o utilidad marginal.

Sin pretender agotar el tema del valor, presento esta cita atribuida a Carl Menger (1871), fundador de la escuela austríaca:
“Si se encuentra un diamante accidentalmente o fue obtenido de un pozo de diamante con el empleo de un millar de días de trabajo es completamente irrelevante para su valor. En general, nadie en la vida práctica se pregunta por la historia del origen de una mercancía en la estimación de su valor, pero tiene en cuenta únicamente los servicios que el bien le va a rendir y que él tendría que renunciar si no lo tenía a sus órdenes …”

Hay un hecho reciente que refuta todas las teorías de valor anteriormente mencionadas: la venta de valores digitales, como por ejemplo la venta, en marzo del 2021, por casi USD 3 millones del primer tuit de Jack Dorsey, fundador de Twitter. Igual, se hace con videos, imágenes en formato gif y otros valores digitales. Aquí ni el trabajo, ni la utilidad marginal determinan el valor.

En la práctica, este servidor, obtuvo la siguiente respuesta de un dueño de cadena de tiendas de muebles en el país, al preguntarle hace algunos años ¿cómo fijaba los precios de sus muebles?, esto respondió: “Yo voy aumentando sucesivamente los precios, hasta que el cliente se queje y bajen las ventas”, ley de ensayo y error.

El centro del establecimiento del valor es el sujeto, un ser social y un ser individual, humano; lleno de experiencias y vivencias, de deseos, de pulsiones, de necesidades; bañado de realidad, de historia, de cultura; en un espacio y tiempo determinado.
Simplificar este marco facilita el análisis y la universalidad pero puede que oculte relaciones relevantes.

En este sentido, Samir Amín en su teoría de la desconexión nos habla de una transferencia de valor oculta desde los países periféricos y semi-periféricos hacia los países del centro. Samir Amin era partidario de la teoría del sistema mundo y de la teoría de la dependencia. No está hablando de fuga de capitales. Así, por ejemplo, el dólar estadounidense que cuesta muy poco producirlo, tiene un valor mundial muy alto que le permite comprar el petróleo y sus derivados, que cuesta bastante producirlo, pero cuyo valor en el mercado internacional de commodities puede ser llevado a niveles hasta negativos; el “…desplome histórico del precio del barril de petróleo WTI que se llegó a cotizar en la jornada del 20 de Abril 2020, en US$ -37,63”.

Otro tanto sucede con nuestras monedas de uso local frente al dólar estadounidense y otras divisas —cesta de monedas aceptadas por el FMI—, una desigualdad estructural de valor monetario entre países establecida de partida.

También, se puede incidir o inducir en el cambio en el valor de bienes y servicios manipulando las percepciones y expectativas —por ejemplo difundiendo masiva, segmentada o viralmente información tendenciosa—; esta sensación creada a su vez incide en el comportamiento del consumo -que no obedece a una racionalidad económica, siendo éste muchas veces compulsivo y obsesivo‒. Así se puede inducir un aumento desproporcionado de la demanda más allá de lo habitual. Lo cual a su vez, causa desabastecimiento, tributando a una espiral de escasez e inflación, una relación causa-efecto de inducción mutua.

Con esta aproximación integradora —motivada por la ley de inducción de Faraday someramente expuesta—‒, centrada en el valor se pueden leer nuevamente los hechos y desvelar otras relaciones que han permanecido ocultas, ayudando a comprender los fenómenos socio-económicos que nos aquejan. Realizar este estudio, complejo y de largo aliento, no impide ir tomando medidas en paralelo, en base a las nuevas hipótesis que surjan, se monitorean los resultados, se rectifica y se recolectan los datos que permitirán construir los modelos y validarlos y se reinicia el ciclo. Es la gestión de un proceso ágil, de mejora continua.

El desafío es llevar a Venezuela, de una economía inducida a una economía emancipada.