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Venezuela, oro contra ira

Los días son áureos,  pero los enemigos de Venezuela solo ven sombras. Exageran, magnifican, abultan las informaciones negativas que llegan de los  venezolanos en el exterior. El sábado 02 de octubre nuestros beisbolistas  sub-23 se erigieron campeones del mundo, pero los medios estaban viendo para el dugout contrario.  Bolearon la noticia, la más importante del año en materia deportiva, si por allí no anduviera Yulimar Roja asombrando al mundo. 

La mediática planetaria  anda escarbando en los tropezones e infortunios de quienes buscaron otros horizontes, allende las fronteras: las puñaladas, los robos, las redadas, los crímenes pasionales, los suicidios, los linchamientos, las violaciones, los hurtos, las expulsiones, los encarcelamientos, las fugas, la ayuda humanitaria que no fue humanitaria ni fue ayuda, sino un colosal fraude político y  económico. Todo eso resulta un manjar para los recolectores de estiércol noticioso, como llamaron a los periodistas yanquis que protagonizaron lo que se llamó la “guerra de los tabloides”, en la transición del siglo XIX al XX.  Hoy, el amarillismo de entonces   se torna crema ante las noticias actuales contra Venezuela. 

Sin embargo,  para despecho comunicacional, empieza a llover, no café, sino oro. Yulimar Rojas lo trae de la olimpiada de Tokio 2020 y sus compañeros meten en la canasta de su gloria medallas de plata y diplomas olímpicos como nunca en la historia deportiva de Venezuela. Miguel Cabrera coloca el número 500 en las galaxias, vuelacerca mediante. Una joven venezolana, Lilibeth Chacón, gana la vuelta a Colombia, en las narices de paracos y sus inocentes víctimas: los falsos positivos. Pero esas rutilantes hazañas no son noticia. No se trata de chavistas o antichavistas, sino de jóvenes que a pesar de  la campaña contra su patria, se abren paso a fuerza de talento y dedicación. Como en los deportes, así ocurre en las artes y las ciencias. Esa Venezuela áurea y brillante, mediáticamente no existe. 

Pero no se puede ocultar tanto oro con el gangrenado dedo de los medios. La omisión noticiosa,  el sensacionalismo y el amarillismo se estrellan contra la verdad.  Las caravanas que cada semana bajan de La Guaira con sus jubilosos campeones y campeonas son reales. Y pasan, mientras los perros aúllan su ira.