Venezuela sometida a un bloqueo inteligente o bloqueo 4.0

Un bloqueo inteligente porque no afecta a todos por igual, discrimina entre Gobierno – Estado y privado; entre rico y pobre; entre empleado y trabajador por cuenta propia; entre economía formal y economía informal, etcétera. También decimos bloqueo 4.0, porque la tecnología de información tiene mucho que ver, ella establece el canal, el espacio, la vía para estas nuevas relaciones  y mediaciones sociales que propician la construcción social de esta nueva realidad  resultado del bloqueo inteligente.

Para quien nos visita –por ejemplo, algún comisionado de la ONU que viene a constatar la violación de DDHH—, le es difícil creer al gobierno cuando dice que el país está sometido a un bloqueo que se ha ido recrudeciendo progresivamente desde 9 de marzo del 2015, con el decreto de Obama donde declara a Venezuela una amenaza “inusual y extraordinaria”.  Hay productos por todas partes, hasta importados, ya sea en los llamados bodegones que como hongos surgen en el país; o en las ofertas de la economía informal con tarantines en las calles del centro o las improvisadas reconversiones de negocio a comerciantes de bienes de primera necesidad de  talleres mecánicos, agencias de loterías, kioscos de venta de periódicos, entre otros; o con las ofertas  que se realizan  en los grupos o canales por Facebook, WhatApps, Instagram, Telegram, y más… Pero no solo es que ofertan y se venden bienes, sino que  para más ñapa lo hacen expresando su valor monetario  en la divisa del país que se supone nos bloquea. Es decir, con el dólar como unidad de cuenta y de reserva; con pago, cuando se puede, en la divisa, sino al equivalente en bolívares a la tasa del día, fijada por la cotización de unos mercados marginales que solo tienen presencia en el ciberespacio. Por eso es que hasta el gato se convierte en marchante, hoy. 

Por otro lado, lo anterior contrasta, con la congelación de los activos líquidos en divisa que el país tiene  en bancos extranjeros; con la confiscación de los activos de la nación como Citgo y Monómeros de Venezuela; la confiscación de nuestras reservas de oro en custodia por el Reino Unido;  las sanciones a las empresas extranjeras que hagan intermediación comercial o financiera con el Estado venezolano, cercenando o dificultando cualquier posibilidad de interacción con los mercados internacionales; hasta están bloqueando el acceso al país del mecanismo COVAX para la provisión de las vacunas para combatir la pandemia COVID-19, implementado por la Organización Mundial de la Salud.

A decir verdad, este bloqueo ya había comenzado con acciones políticas previas, para crear el ambiente. Consideramos que la primera fue  “La salida”,  iniciada por Leopoldo López en Febrero del 2014; le siguió el casual artículo  “¿Hará default Venezuela?”, de Ricardo Hausmann y Miguel Ángel Santos, 5 de septiembre 2014, que se publicó en el medio alternativo Project Syndicate, pero que tuvo una resonancia inusual en los medios generalista tradicionales, sobre el probable default de Venezuela, al no poder pagar sus obligaciones financieras internacionales —ya sea, el pago del vencimiento de los bonos emitido o el servicio de la deuda—; todo ello aunado con la sobre oferta en los mercados internacionales de barriles de petróleo hecha por Arabia Saudita en Noviembre del 2014 iniciando un caída de los precios del petróleo en los mercados internacionales. Consecuencia, se inició una espiral de aumento en la demanda de bienes de primera necesidad  con el incremento de precios de éstos en el mercado local; desabastecimiento, acaparamientos; devaluación del bolívar frente a la divisa estadounidense. 

Así, hoy contamos con una economía en la sombra o sumergida ─creemos de gigantescas proporciones─; con una hiperinflación inducida imparable que ha pulverizado el salario real; un dólar hegemónico, socializado y “cultivado” en el imaginario colectivo  y ambicionado por muchos; y un bolívar debilitado perdiendo la batalla. Es un bloqueo  que afecta de manera desigual a los venezolanos y venezolanas, al Estado venezolano y al privado; al pequeño y mediano empresario y a la gran empresa.

Es un bloqueo selectivo, no es bruto ni burdo y tiene su ciencia.

Amiga y amigo lector ¿Ud. no cree que el problema trasciende a la disciplina de la economía, es complejo, su análisis y solución obliga a un abordaje más amplio, innovador, audaz?

 

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