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¿Vive la lucha armada 60?

La reflexión no es ociosa ni superficial. Procede para establecer cuestiones fundamentales: ¿mejor viva o muerta la lucha armada de los 60-70? ¿Puede justificarse una acción destinada a revivirla? ¿Pero acaso aquí realmente ha muerto la violencia en todas sus expresiones? ¿O se abre puertas a lo que se llama “violencia necesaria” para defenderse de “los ataques enemigos” y se mantiene que “esta revolución es pacífica, pero armada”?
Y situados en este punto preguntamos: ¿qué parte del mundo está exenta de la refriega entre las partes contrarias? ¿Será obligado aceptar que la violencia tiene hoy y tendrá a futuro la misma vigencia que ha mantenido a lo largo del tiempo de la propiedad, de “lo mío y lo tuyo”?

¿Tendremos que convencernos y admitir que somos hijos de la violencia y que la historia del hombre en general no tiene ya posibilidades de apartarse de lo ya establecido como un designio? Es decir, ¿nos espera un mundo cada vez más lleno de muerte, destrucción humano-espiritual?

¿Estamos obligados a cumplir con esa historia-realidad o asumimos que tenemos el compromiso de luchar por la vida hasta el último aliento?

Este tema lo hemos referido en nuestra labor de historia actual. En cada ocasión insistimos en que esta historia ha estado y sigue ligada a la violencia. Y al determinar las formas de lucha que de este cuadro se desprende, se concluye que apuntan hacia las armas.

En 1958, la orientación política giraba en torno a escoger entre “votos o balas”. Y hoy, 2022, se llama a inclinarse por lucha armada o pacífica. Ambas vías de naturaleza violenta abierta o encubierta. Sobre la primera recae la mayor vigilancia por parte de un aparato represivo pasivo o activo. La segunda es de aceptación universal y se presta para todo tipo de acuerdo, arreglo o negociación. Y en todo caso es la imposición de decisiones minoritarias a las mayorías, que es lo que se da en llamar democracia o socialismo democrático.

Hoy, en consecuencia, no está previsto por nada, recrear o restablecer el aparato armado 60-70. Nuestra política está ahora afiliada a la violencia pacífico-electoral que a muchos, sino a todos, otorga su tajada de poder directa o indirectamente. Ahora no se grita vivas a la lucha armada. La violencia está en acción en el negociado del voto.

Sancho, ¡sorprende y alarma las tantas violencias que actúan en esta acometida ínsula!

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