¿Votar o no votar?

Es dilema clásico en la historia política del mundo occidental. Analizado en muchas referencias sobre la evolución de las disciplinas que componen la teoría política. 

Un dato se encuentra en un folleto que escribió Rosa de Luxemburgo en 1898. Su texto, asocia ideas contrapuestas, “votar”  “o  no votar”. Las asocia contra, otro par de conceptos, enfrentados, “el arte de lo posible” y “el oportunismo”.

La historia de la vida de los partidos avanza, sin resolver temas y problemas primigenios. Ej. aún en el siglo XXI se discute si es posible participar en unas elecciones en tanto partidos de origen social demócrata o social cristiano, mientras discuten sobre la anciana disyuntiva: ¿Votar o no votar?.

Hoy en Venezuela, -el colmo-, quienes lo discuten y argumentan a su favor se apoyan la idea  del “arte de lo posible -posibilismo – versus la noción del oportunismo”. Posibillismo, según E:G. Heine, es: “toda política debe intentar conseguir lo que es imposible bajo ciertas circunstancias en particular”.

Aunque ninguno de los partidos que sobre el tema discuten, deja claro, si la disyuntiva, “votar o no votar” es perjudicial o útil para lograr la democracia. 

En el país, su defensa es medio,  para asegurar beneficios coyunturales con  cifras, de cuantos curules ganaran o cuantas gobernaciones y municipios tendrán, como manera de capitalizar fuerzas frente al evento de las próximas elecciones presidenciales 2021.

A los políticos: ¿por qué esforzarse en conseguir solo lo que es posible bajo circunstancias particulares¿. En vez de discutir de qué manera, esforzarnos por conseguir lo que es imposible. Sabiendo cómo sabemos que éste es el punto crucial.

Y menos entran a profundizar sobre lo trascendente: defender la democracia dentro de la legalidad. Tema que para los radicales es una simple fresa, que corona la torta.

Deberíamos ser claros en negociar lo importante para la democracia. O discutir sobre temas atinentes a los equilibrios macroeconómicos, o el control del gasto publico. Igual negociar la forma de comprometer la inversión social.

Es claro, mientras se siga perdiendo tiempo en este falso problema del votar o no votar, dejamos de lado que Venezuela está al borde del cataclismo: guerra civil o golpe de Estado. El problema real: es, no se negocia de buena fe ni con compromiso histórico. Al final todo es “oportunismo”.

 

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