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Whisky y champú

Hace casi un año, procedente de Miami, llegó Eloína, una amiga que tenía seis años fuera de Venezuela. Dicho sea de paso, ella es una gran contadora de cuentos. Nos contó que, minutos antes de abordar el avión, recibió las últimas recomendaciones de su hija: “¡Mamá!, cuidado con la cartera; no saques el celular en la calle; no manejes tú; dile a mis tíos que te acompañen para todas partes y te mandaré una caja”. Eloína abordó el avión.
Ya en Caracas, en su primer encuentro social con la extensa familia, comenzó a oír información contradictoria sobre la situación de Venezuela y, especialmente, de Caracas.

Eloína está desconcertada porque toda la familia es de oposición (excepto una hermana chavista que no opina) y la mayoría tiene una visión favorable sobre el país.
El primer encontronazo de Eloína se lo llevó cuando llegó su hermano mayor con tres botellas de whisky; ella había comprado dos botellas en Miami por el tema de la escasez de la que todos hablan allí.

Su estadía en Venezuela sería por algo de más de dos meses y, un día, se fue a uno de sus paseos favoritos: hacer mercado en el supermercado de los almacenes militares (Ipsfa), y quedó tan sorprendida que llamó a la hija por whatsapp: “Hija, mándame plata que aquí hay de todo”. Hija: “¡Mamá!, te mandé una caja con un mercado”. Eloína: “Esa caja te va a salir muy cara; no le hiciste caso a tus tíos; aquí hay comida, hasta whisky y champú”.

Eloína habló maravillas del Saime y quedó horrorizada, afligida, ante lo que llamó “la jungla del bulevar de Sabana Grande, ausencia total de una industria y producción nacional; muchas baratijas chinas; todo importado”. De Las Mercedes expresó: “Un bosque de concreto; algo no está bien; parece una ilusión colectiva. Sólo deseo que más nunca haya escasez y bachaqueros en Venezuela”.

Hoy, 18 de abril de 2024, es la fecha límite que puso Estados Unidos para renovar e imponer nuevas agresiones económicas contra Venezuela si el CNE no acepta la inscripción de su candidata oficial, con el agravante de que el mundo se encuentra ante la posibilidad de que estalle una tercera guerra mundial.

A los 15 días llegó la caja. Sólo esperamos que los deseos de Eloína se conviertan en una instrucción de reingeniería social, de prevención para el Gobierno ante la contingencia y así evitar transitar por aquellos tiempos aciagos.

“Lo que no se siente no se entiende” Simón Rodríguez.

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