¿Y después de la pandemia?

El COVID-19 quedará entre nosotros, pero la pandemia irá bajando conforme crezca la resistencia de las personas al virus. Y lo hará más todavía al lograrse una vacuna apropiada. Ya los países planifican los pasos para la vuelta a la normalidad y la recuperación de sus economías. Lamentablemente, en nuestro caso la “normalidad” previa al terrible azote era un enorme descalabro político, económico y social. Recordamos el cuento de Augusto Monterroso: “Cuando despertó, el dinosaurio todavía estaba allí”. Sí, la estrategia gubernamental ha sido muy acertada y estamos navegando la enfermedad con muy bajo costo humano. Pero al despertar de esta emergencia nos espera el dinosaurio de nuestra crisis, fortalecido por la paralización económica que ha implicado la cuarentena. Hay que construir una solución. Y la misma tiene que ser pacífica, democrática y constitucional para resultar una solución verdadera y no un simple “correr la arruga”.

La dirigencia política de las diversas tendencias está moralmente obligada a trabajar hasta lograr esa salida, que no puede esperar. Debería descartarse el sueño loco de gobernar en solitario, con todo el poder en las manos, sin contrarios o permitiendo apenas una minúscula oposición. La democracia es una conquista de la humanidad e implica diversidad, alternancia, poder compartido. Es en esas condiciones que podrán prosperar, más o menos rápidamente según los casos, los proyectos de cambio y avance social.  Lo otro sería intentar repetir los fracasos del siglo XX, con sus autoritarismos y totalitarismos de diverso corte.

El contexto del coronavirus y de las ilegales medidas de Trump no hace sino acentuar al extremo la necesidad de un razonable acuerdo: un acuerdo que reconozca a todos los factores y que asegure su derecho a actuar en la sociedad, sin abusos de poder ni aventuras golpistas. Ya en el país varias organizaciones políticas y diferentes analistas han puesto sobre la mesa posibles opciones, hacia un arreglo provisorio que permita desarrollar iniciativas económicas urgentes, a la vez que vaya construyendo una solución estable,  electoral, de más largo plazo. Los sondeos de opinión indican que la mayoría quiere acuerdos, no arrases. Es urgente, el tiempo juega en contra.

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