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Guyana nos toma por pendejos

El Gobierno de Guyana continúa y arrecia el uso y entrega de concesiones para la extracción, producción y procesamiento de los recursos naturales del venezolano Esequibo, aun cuando el Acuerdo de Ginebra de 1966 prevé la obligatoriedad de informar a Venezuela, y el reciente entendimiento, firmado el pasado 14 de diciembre, en San Vicente y las Granadinas, retoma el espíritu del diálogo como vía para solventar la disputa territorial.

La arremetida del Gobierno guyanés es intensa, tanta, que su fondo y forma revela no solo los desaforados apetitos de enriquecimiento con el petróleo del Esequibo venezolano de las compañías transnacionales mineras y petrolíferas y de los dirigentes políticos del Gobierno guyanés, sino también la actuación diplomática y comunicacional orientada a obtener el apoyo geopolítico y militar de los países nativos de las compañías transnacionales.
Las medidas, en sí mismas, vistas en su conjunto, denotan que el Gobierno de Guyana está recibiendo y recibe asesoría económica, política y de relaciones públicas de tanques pensantes financiados por las grandes compañías petroleras y mineras interesadas en torcer cualquier realidad que ponga en riesgo sus intereses y mercados.

Bastaría con señalar la noticia publicada el pasado 19 de enero por el medio guyanés Kaieteur News, la cual revela que de los 16.800 millones de dólares en exportaciones de petróleo que se generarán en 2024, se espera que Guyana reciba 2.100 millones de dólares. Mientras tanto, Exxon Mobil y sus socios en el bloque Stabroek (buena parte ubicado en el mar territorial Esequibo) se llevarán 14.700 millones de dólares.

“La retirada de la mayor parte del valor a la luz del día continúa la tradición de años anteriores”, denuncia el medio. “El año pasado, Exxon y sus socios se llevaron 10.000 millones de dólares de los 11.600 millones de dólares en exportaciones de petróleo. El año anterior, obtuvieron alrededor de 8.600 millones de dólares de los 9.900 millones de dólares”, dice.

El medio informa que el Acuerdo de Producción Compartida entre el Gobierno y la Exxon Mobil del bloque Stabroek incluye la mísera regalía del dos por ciento que, según muchos, no compensa justamente a Guyana por la explotación de un recurso no renovable. También incluye la costosa ausencia de disposiciones de protección que permitan deducir los costos de un yacimiento petrolífero de los ingresos de otro; y una cláusula de estabilidad permanente que prohíbe a Guyana introducir nuevas leyes adversas a las compañías petroleras hasta 2056.

Y añade: “a pesar de este status quo, no hay voluntad política ni intención de renegociar este contrato por parte del Gobierno. El vicepresidente, Bharrat Jagdeo, dijo que ahorrar fondos adicionales inmediatamente al delimitar los proyectos ahora podría interferir con las perspectivas de inversión a largo plazo de Guyana”.

En el intermezzo hay que incluir los recientes anuncios de construir una gran hidroeléctrica con participación de inversionistas chinos e indios, y una refinería con capacidad para procesar 30.000 barriles diarios de crudo.

En síntesis, desde la firma del entendimiento en San Vicente y las Granadinas, Guyana ha afincado su estrategia de obtener apoyo geopolítico mediante la entrega de los recursos naturales del Esequibo venezolano, haciendo, para ello, uso de cualquier herramienta comunicacional e internacional que apunte hacia el objetivo de arrebatarle a Venezuela los 159.400 kilómetros cuadrados heredados de la Capitanía General de Venezuela, robados a nuestro país por el Imperio británico.

Su inevitablemente único y poco difundido argumento: el Laudo de París de 1899, presentado por sus juristas ante la Corte Internacional de Justicia como pieza sobre la cual el organismo debe decidir de manera aislada, circunscrita a su contenido, y ajena al contundente y real hecho histórico demostrado en el Acuerdo de Ginebra de 1966, firmado por su majestad británica ante las pruebas de fraude, nulidad y carácter írrito.

Pero nada de Ginebra. Frente al respeto mostrado por Venezuela al acuerdo de San Vicente y las Granadinas de bajar el tono militar que había adquirido la controversia, el Gobierno de Guyana sigue violando y usufructando los recursos, atendiendo a las líneas políticas de las compañías y de los organismos internacionales interesados en tomar control del Esequibo venezolano. Nos toma por pendejos.

De hecho, el medio guyanés Kaieteur News informó la semana pasada que Fatih Birol, presidente de la Agencia Internacional de Energía, creada por los países consumidores de petróleo para hacerle frente a la Opep, afirmó que espera en 2024 un aumento significativo de la producción de petróleo de Estados Unidos, Canadá, Brasil y Guyana, justo cuando el crecimiento de la demanda mundial se desacelera.

En correspondencia, el ministro de Finanzas de Guyana, Ashni Singh, dijo que el cuarto proyecto de Exxon en el bloque Stabroek, llamado Proyecto Yellowtail, está en camino de comenzar en 2025, más otro proyecto petrolero en marcha para 2027 y un sexto en preparación para el mismo año, pendiente de aprobación regulatoria. Prevé que la producción podría subir muy por encima de los 1,3 millones de barriles por día más allá de 2027. Esto, afirmó, convertiría a Guyana en el mayor contribuyente no perteneciente a la Opep a los suministros mundiales.

Siempre mencionando el bloque petrolífero Stabroek, buena parte del cual está ubicado en el mar territorial del Esequibo venezolano, a manera de balance de 2023, Singh añadió que el sector de petróleo y gas de Guyana se expandió un 45,9 por ciento el año pasado con una producción de 142,9 millones de barriles de petróleo en comparación con 101,4 millones en 2022.

Y como muestra de la creciente dependencia de los ingresos petroleros provenientes de la explotación del petróleo del Esequibo venezolano, el ministro Singh dijo que alentar la producción acelerada de crudo es parte integral del plan del Gobierno para, entre otras cosas, asegurar más ingresos del sector para acelerar su agenda de desarrollo. En 2024, reveló, se proyectan unos 202 pozos de petróleo crudo desde los tres yacimientos en el bloque Stabroek.

A esto se añade que Guyana próximamente abrirá un instituto de formación de petróleo y gas en Port Mourant, dijo el ministro de Educación. El ex procanciller de la Universidad de las Indias Occidentales, el profesor Clement Sankat, de Guyana, dirigirá el instituto, oficialmente denominado Escuela de Formación Técnica de Guyana. La instalación ha costado unos 100 millones de dólares estadounidenses en el marco de una asociación entre el Gobierno de Guyana y Exxon Mobil.

La dependencia de Guyana de los ingresos provenientes del petróleo del Esequibo venezolano se aceleró desde 2022, cuando creó el Fondo de Recursos Naturales (NRF), cuyos ingresos tienen su origen en el bloque Stabroek, rico en petróleo, en el Esequibo frente a las costas de Guyana, donde la petrolera estadounidense Exxon Mobil y sus socios –Hess Corporation (comprada por Chevron) y Cnooc– están produciendo crudo ligero dulce.
El medio guyanés inewsguyana informa que en 2022, por primera vez, Guyana utilizó fondos petroleros para financiar un presupuesto nacional. De hecho, en 2022, el Gobierno retiró un total de 126.000 millones de dólares (607,6 millones de dólares estadounidenses) en tres tramos del NRF que se destinaron a financiar los planes nacionales de desarrollo de Guyana.

Los aumentos de producción petrolera anunciados por el ministro van acordes a las palabras dichas el pasado 11 de diciembre por el presidente de ese país, Irfaan Ali, quien según la agencia Bloomberg, expresó que “las operadoras petroleras están avanzando agresivamente con sus planes de producción, a pesar de los planes de Venezuela de apoderarse de la región en una escalada del conflicto”.

A tono con estas declaraciones, el pasado 8 de enero Guyana fue visitada por el subsecretario adjunto de Defensa para el Hemisferio Occidental, Daniel Erikson, quien dijo que “Estados Unidos tiene una relación bilateral muy fuerte con Guyana que incluye la relación de defensa. El primer mensaje es que ya existe una base sólida para que Estados Unidos y Guyana cooperen en cuestiones de seguridad y defensa. Al mismo tiempo, reconocemos que Guyana se encuentra en un punto de inflexión en términos de desarrollo económico y en términos del papel regional que es capaz de desempeñar. Queremos asegurarnos de que nuestra relación con Guyana continúe a la altura de los tiempos, a medida que la situación en Guyana continúa evolucionando”.

El pasado 19 de enero, el vicepresidente guyanés, Bharrat Jagdeo, anunció que el Gobierno está actualmente en conversaciones con Bell Helicopter, el principal fabricante mundial de aviones de alas giratorias, para la compra de cuatro helicópteros militares.
El presidente, Irfaan Ali, anunció la semana pasada que por primera vez el Gobierno establecerá una división marina y de aviación dentro de la Fuerza de Policía de Guyana.

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