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Hay que impedir el robo de Citgo y vender Citgo

Tras el salvamento ético, legítimo y legal de la refinadora filial de Pdvsa, Citgo, de su actual intento de robo políticamente propiciado por el Gobierno de EEUU, la República Bolivariana de Venezuela debe, de inmediato, poner en venta esa empresa.

Veamos por qué. Además de la hostil y venezolanofóbica política del Gobierno de ese país que le amarga la idea de que recibamos algún ingreso proveniente de los bolsillos estadounidenses, los criterios esgrimidos por las clasificadoras de riesgo crediticio indican que EEUU es un país de riesgo. La agencia Moodys considera, en su ranking de largo plazo, que la nación del norte viene en descenso en su grado de inversión, el cual era AAA desde 1949, pero que desde 2003 viene en una caída que la ubica, a partir de 2023, en Aaa, con “Perspectiva negativa”.

Similar decisión tomó la agencia Standars and Poor’s en 2011, que rebajó esa nación desde el grado de inversión AAA a AA+, la cual fue seguida por la decisión de otra reconocida agencia calificadora de riesgo, Fitch, que en 2023 tomó idéntica resolución con el apellido de “Observación negativa”, alertando a los inversionistas sobre el riesgo de invertir en el país meca del respeto a la propiedad privada y al libre comercio.

De inmediato, las decisiones levantaron escozor en la Secretaría del Tesoro de ese país, la mismísima dependencia del Gobierno de EEUU usada para confeccionar y aplicar las 103 medidas coercitivas ilegales contra Pdvsa, dentro de un total de 935 acciones punitivas contra el pueblo de Venezuela. Dijo que la decisión tomada por Fitch es “arbitraria”.

Desde el enfoque de Wall Street, estas son razones en el lenguaje financiero por las cuales se debe vender Citgo. Pero en el mundo de los hidrocarburos flotan desde 2005 otras razones relacionadas con lo concreto, con los fundamentos del negocio refinador del país que con apenas 5% de la población mundial consume el 25% del combustible fósil generado por el planeta.

Una presentación realizada en junio de 2021 por Carlos Jordá, quien fuera presidente de la filial de Pdvsa entre 1999 y 2002, titulada Perfil de Citgo Petroleum Corporation, Retos del Negocio de Refinación, aporta algunas variables que abonan la decisión de vender esta empresa tan pronto sea recuperada del clan de Guaidó y del Golpe Corporativo que traman dar las petroleras y mineras de EEUU y Canadá. Incluso, Jordá ayuda a desvelar las razones por las cuales en 2015 se hizo un intento frustrado de vender la compañía.

Un punto a destacar de la presentación es que Citgo es propiedad de Citgo Holding, antigua Pdvsa América, creada por Pdvsa, tanto para manejar las empresas y asociaciones petroleras de la industria en ese país, como para “mantener el velo corporativo”, es decir, evitar que sobre ella cayeran cobros y demandas dirigidas contra su dueño, la República Bolivariana de Venezuela, aplicando el denominado alter ego, el mismo que hoy es usado y manipulado de manera subrepticia por Guaidó y su gente, y de manera abierta y descarada por el Tribunal de Delaware para robarle la filial al pueblo venezolano.

Citgo tiene su origen en 1910 cuando nace Cities Services Company de la mano de Henry Doerthy, para suministrar gas y servicio eléctrico, crea siete refinerías y construye en ese momento el gasoducto más largo de EEUU, de 1.000 millas. En 1935 por ley es obligada a desprenderse del servicio eléctrico, se queda con los hidrocarburos y durante la Segunda Guerra Mundial construye un oleoducto que transporta el petróleo desde Texas hasta las refinerías del Golfo este, para evitar los ataques alemanes a los buques tanqueros.

La empresa crea la marca Citgo en 1965 para competir en el mercado interno de EEUU y en 1982 es adquirida por Occidental Petroleum por 4.300 millones de dólares, pero, por su escaso interés en el negocio aguas abajo, es vendida en 1983 a la empresa Southland Corporation, dueños de la Cadena 7-Eleven y de 7.300 estaciones de servicio en EEUU y Canadá.

Sin embargo, en 1984 Citgo da pérdidas y es cuando en 1986 Pdvsa decide comprarla a Southland por 290 millones de dólares. Solo tenía la refinería de Lake Charles. Al siguiente año también compra 50% de la refinería Champlin, subsidiaria de Union Pacific Oil Company, con un contrato por 25 años de suministro de petróleo a la refinería Corpus Christi, en Texas.

Tal plan de compras es la llamada Internacionalización de Pdvsa, la cual incluso fue criticada por los expresidentes Jaime Lusinchi (1984-1989) y Carlos Andrés Pérez (1974-1979 y 1989-1993), ambos de Acción Democrática, por los riesgos que implicaba poner tantos huevos en esa misma canasta, por la carga impositiva que se quedaba en EEUU, la compra de refinerías de dudosa calidad y porque las inversiones debían venir del norte hacia Venezuela, y no al revés.

Sobre esto Juan Carlos Boué, en el análisis El programa de Internacionalización de Pdvsa, ¿triunfo estratégico o desastre fiscal? señala que el programa de internacionalización arrancó hacia finales de 1982, con el establecimiento de una empresa mancomunada en Alemania –Ruhr Öel– en sociedad con la Veba Öel, compañía con la cual el Gobierno alemán todavía conservaba una importante participación accionaria.

“Esta adquisición se realizó bajo los auspicios de un gobierno copeyano, en las postrimerías de la administración de Herrera Campíns. La victoria de AD en las elecciones de 1983, aunada al altísimo costo de la operación y a la revelación de que los precios implícitos de los suministros de Ruhr eran muy inferiores a los precios oficiales venezolanos, llevaron al gobierno de Lusinchi a ordenar la suspensión del programa”, recuerda Boué. “Esta suspensión dio al traste con algunas negociaciones que ya tenían un alto grado de avance, pero no interrumpió el programa por completo”.

Y añade: “Conviene destacar la precaria situación financiera de la mayoría de los socios extranjeros de Pdvsa en el momento en que se negociaron sus respectivos convenios de asociación, sobre todo porque uno de los lineamientos básicos del programa de internacionalización era buscar ‘empresas líderes en cuanto a calidad de sus activos y a la profesionalidad y eficiencia en su manejo”.

Sobre esto Boué apunta que “puede haber una muy buena explicación detrás de esta aparente transgresión: dado que Pdvsa tuvo que acudir al rescate de casi todas estas refinerías, bien pudo haber arrancado toda suerte de concesiones a sus socios, en vista de las escasas posibilidades de resistencia que tenían estos en momentos de extrema vulnerabilidad. Por ejemplo, cuando se firmó el convenio que dio a Pdvsa una participación de 50% en la refinería de Lake Charles, Citgo llevaba dos años hemorragiando dinero a razón de 10-15 millones de dólares por mes (National Petroleum News, octubre de 1995, 83). Sin embargo, el convenio de asociación de Pdvsa con Southland no refleja esta desesperada situación”, dice.

La internacionalización continuó. Siempre buscando colocar crudos pesados venezolanos, en 1989 Pdvsa y Unocal se asocian para formar Unoven y en 1990 adquiere la segunda mitad de Champlin. En 1991 compra Seaview Asphalp Company. En 1992 Lyondell Citgo Refinig y en 1993 los activos de Amoco para constituir Citgo Asphaplt Refining Company.
En 1997 la segunda mitad de Unoven.

No obstante, Boué aprecia que de las reservas venezolanas 75% están constituidas por crudos, cuya gravedad es menor a los 22° API. Opina que estos crudos no rinden muchos productos ligeros al destilar y su procesamiento plantea problemas sui géneris, sobre todo porque tanto sus cortes ligeros como los pesados contienen grandes cantidades de elementos indeseables: azufre, vanadio, níquel. “Dado que los márgenes de refinación que generan estos crudos en configuraciones simples son negativos la mayoría del tiempo, el universo de compradores de crudos pesados se ha visto restringido cada vez más al segmento de refinadores con plantas de alta conversión y, durante el verano, a los refinadores que producen asfaltos”.

Aun así, EEUU estaba experimentado una caída de su producción petrolera hasta 2005, durante la cual había incrementado las importaciones de petróleo pesado. Pero irrumpe la extracción de crudo de esquisto, de gravedad liviano mediano, que potencia la producción total.

La tendencia es entonces a procesar crudos livianos medianos en detrimento del pesado. Tanto así, que desde 2005 se acentúa la tendencia a disminuir el número de refinerías pequeñas y de escaso margen de refinación. Cierran las pequeñas y el total se reduce de 325 a 132, pero crece la tendencia a crear y convertir las refinerías para procesar mayor proporción de crudos medianos y livianos. Según datos de 2019 presentados por Jordá, las 132 refinerías refinan 19,8 millones de barriles diarios y de estas 56 están en la costa del golfo de México, al este, y procesan 10,5 millones de barriles diarios.

Por su número, es en el Golfo donde hay mayor competencia y márgenes de refinación más estrechos. Es allí donde operan crudos pesados dos de las tres refinerías de Citgo: Lake Charles y Corpus Christi. Ni en Florida ni al frente del océano Atlántico hay refinerías.

Jordá señala que la mayor producción de crudos livianos y medianos de esquisto se desarrolla en detrimento de los crudos pesados importados. Muestra una curva que revela que entre 2000 y 2020, mientras la producción total crece, la de pesados se mantiene.

En síntesis, a las 103 medidas coercitivas ilegales y extraterritoriales contra Pdvsa, el odio político del Gobierno del norte contra las ideas bolivarianas, a las ansias de lucro con los activos de Venezuela en el exterior, a las exigentes medidas ambientales, se añade que, aun cuando buena cantidad de refinerías no dejarán de refinar crudos pesados, lo mejor es vender Citgo por el cada vez menor empleo de petróleo pesado por el parque refinador de EEUU.

Más seguridad y grado de confianza en operaciones e inversión tiene Chevron en Venezuela, que la filial de Pdvsa, Citgo, en EEUU.

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