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Sanciones e inflación

La ligera alza de la inflación en abril restó valor a la pregonada tesis según la cual son la emisión monetaria, vía incremento de salarios, y la variación del tipo de cambio, los factores cuasi únicos responsables en la formación de precios a nivel del consumidor.

Las discusiones entre economistas son calurosas y tienen imbricaciones de todo tipo; de ellas surgen no pocas calificaciones disciplinarias e ideológicas. Los monetaristas y neoliberales afirman que para controlar la inflación es necesario reducir la oferta monetaria. Unida a tal idea señalan que el crecimiento del Gobierno es el origen de los problemas económicos.

Desde otra mirada, la teoría de Keynes apunta que la demanda agregada –la sumatoria del gasto de los hogares, las empresas y el Gobierno– es el motor más importante de una economía. Sostienen que el libre mercado carece de mecanismos de autoequilibrio que lleven al pleno empleo.

Pero ojo, alerta el autor de esta nota, clasificar los pensamientos económicos en estas dos posturas es caer en una dicotomía simplista, pues en la economía, como en todo campo epistemológico, existe diversidad y multiplicidad de ideas y corrientes.

Pero regresemos. Al no haber habido hasta mayo aumento salarial y apenas haberse registrado una ligera alza acumulada hasta abril de 1,7% del dólar, desde una exagerada perspectiva monetarista era de esperarse que la inflación se colocaría igual o por debajo del 1,2% cifrado, respectivamente, en febrero y marzo; sin embargo, el indicador marcó 2% en abril.

Fuera de toda crítica queda que el 2% de abril es un logro significativo de la política económica del Gobierno Bolivariano, más cuando sin los shock económicos de Milton Friedman, aplicados por Pinochet, ni los paquetes del FMI, ni los planes facho neoliberales, arropados con la frase: “¡Libertad, carajo!”, en 2024 la inflación venezolana arroja un alza acumulada de 6,5% y la anualizada 60%.

Ambos resultados están lejanos, muy lejos, del 127% registrado en septiembre de 2018, año cuando el bloqueo encarnizado de Donald Trump contra Venezuela provocó que los precios escalaran 130.000%. En otras palabras, lo que el primero de enero de ese año costaba 10 bolívares, en diciembre se vendía a 1.300.000 bolívares.

La inflación de 2% en abril, con alza acumulada de 6,5% en 2024, muestra la existencia, aunque sea poca, de una menor dependencia de la renta petrolera y con ella del tipo de cambio y de las importaciones en la formación de los precios; pero a su vez revela la presencia e incidencia de otros factores, muchos de los cuales con efectos psicosociales económicos por ser intencionalmente políticos.

La incidencia en los precios al consumidor de la relativa estabilidad del tipo de cambio debió enfrentar, en diciembre de 2023 y durante el arranque de 2024, el uso intenso de medios y redes sociales para auspiciar un escenario de expectativas económicas negativas, ante las cuales Delcy Rodríguez, vicepresidenta de la República, realizó reuniones alentadoras sobre la marcha de la economía con trabajadores y los gremios empresariales.

La intención de crear expectativas negativas que buscaban y buscan reducir las inversiones y elevar precios, estuvo inmersa en la constante amenaza de quitar o eliminar el supuesto alivio o reducción de las medidas coercitivas ilegales, impuestas por el Gobierno de EEUU sobre Pdvsa. El 18 de abril, las sanciones fueron reimpuestas con un daño al pueblo venezolano por 2 mil millones de dólares.

En paralelo, como medida para enfrentar las sanciones, el Gobierno Bolivariano anunció el incremento de la carga impositiva sobre los actores privados de la economía, con lo cual busca ganar autonomía económica para el país y reducir los efectos de las sanciones. En un primer momento, mayores impuestos tienden a crear expectativas alcistas sobre los precios al consumidor.

Otro factor que podría haber contribuido al alza de la inflación en abril es el tradicional pago de impuestos, que se unió a las expectativas de posibles aumentos salariales en mayo, como en efecto aconteció.

Bajo esta mirada, el reciente escenario político económico asoma la existencia de otros factores, distintos a la masa monetaria y el tipo de cambio, como son el uso de los medios y las redes sociales, junto a las medidas coercitivas e ilegales para crear expectativas negativas y alcistas sobre la inflación.

No obstante, ninguna de las agencias ni economistas han augurado retroceso en la actividad económica ni el alza desmesurada de la inflación, la cual promete ubicarse en torno al 30% a fines de año. Lo deseable, y hacia allá marcha la economía, es que la inflación tienda a la baja; y, como sostenía el ucevista Domingo Felipe Maza Zavala, no desaparezca y se mantenga por debajo de dos dígitos.33.

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