11 de Abril de 2002: El Golpe de las 48 horas

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El jueves 11 de abril de 2002, hace 18 años, a las 9:35 am, los canales de televisión colocaban en sus pantallas la concentración de opositores al gobierno de Hugo Chávez en la llamada Pdvsa-Chuao, donde actualmente funciona la Universidad Nacional Experimental de la Fuerza Armada Nacional Bolivariana (Unefa). Era el tramo final de una conspiración que se venía gestando desde el año 2001 para derrocar a Chávez con participación de civiles, militares, gobiernos extranjeros y medios de comunicación.

Es así que esa mañana del 11-A, Venevisión, Televen, Globovisión y Radio Caracas Televisión se encadenaron con la imagen de Carlos Ortega, presidente de la Confederación de Trabajadores de Venezuela (CTV), Pedro Carmona Estanga, presidente de Fedecámaras y un grupo de dirigentes que se turnaban el micrófono. Pero a eso de las 10 am, Ortega le quitó el micrófono a Froilán Barrios y comenzó una arenga invitando a “esta masa humana” a marchar hacia Miraflores.

“A Miraflores, a Miraflores”, siguió repitiendo el almirante Carlos Molina Tamayo ante una multitud que se encaminó al Palacio Presidencial por toda la autopista Francisco Fajardo, repitiendo la consigna “ni un paso atrás”.

Cuando aquella marcha bordeaba el Jardín Botánico ya enrumbándose a la avenida Bolívar, desde la esquina de Carmelitas, el alcalde de Caracas, Freddy Bernal, se colocó frente a una cámara de VTV para declararle al periodista Ricardo Durán un llamamiento a Carlos Ortega. “Señor Ortega, hoy lo hacemos responsable de cualquier hecho violento”, decía Bernal rodeado de una multitud que a esa hora de la tarde (1:15 pm) desbordaba las adyacencias del Palacio de Miraflores.

A un cuarto para las 2 de la tarde, la Asamblea Nacional había suspendido por falta de quorum una sesión especial en homenaje a Moisés Moleiro. Abruptamente, los diputados chavistas salieron en carrera para Miraflores. “Ustedes no van a hacer un pronunciamiento sobre lo que está pasando”, preguntamos a Cilia Flores en la esquina Padre Sierra. “El pronunciamiento está allá”, respondió Francisco Ameliach señalando con su mano derecha hacia el palacio de Gobierno. Le acompañaban en esa caminata Saul Ortega, José Kan, Asdrúbal Salazar y Ángel Rodríguez entre otros diputados. En el Palacio Federal Legislativo quedaron Desiré Santos Amaral, Victoria Mata, Pedro Solano, Pedro Díaz Blum, Tarek William Saab, Pedro Carreño, Edgar Zambrano y Pedro Pablo Alcántara. “Mataron a Tortoza”, dijeron en la sala de prensa pasadas las 2 pm, noticia que dejó mudo el salón. Se oyó el llanto de Argeli Vera, periodista de Unión Radio y el murmullo de Marvila Sánchez (Canal Metropolitano) discutiendo con Saab sobre la autoría del crimen.

“Hay francotiradores”, indicó el diputado Adolfo Miquilena que venía de Miraflores. En ese mismo momento, un ramal de la marcha opositora pasó frente al parlamento, custodiada por la Ballena y El Rinoceronte, los vehículos de la Policía Metropolitana desde donde sus efectivos se enfrentaron a tiros con chavistas apostados en Puente Llaguno.  

La cadena de Chávez

A las 3:45 el presidente Chávez se dirigió al país en cadena de radio y televisión. “¿A qué vienen a Miraflores?” se preguntó el Jefe de Estado refiriéndose a la marcha opositora. A los pocos minutos, los canales de televisión partieron la pantalla: en el lado izquierdo mantenían el rostro del Presidente y al derecho, los disturbios en el centro de Caracas. En respuesta, Chávez ordenó sacarlos del aire.

Ya entrada la noche, el golpe parecía consumado, decían los diputados chavistas que estaban dentro de Miraflores. A las 9:45 pm, el comandante general del Ejército, Efraín Vásquez Velásquez habló por las televisoras para anunciar su ruptura con Chávez. “Señor Presidente, le fui leal hasta el final, pero los muertos de hoy no se pueden tolerar. Hasta aquí lo acompaño”, dijo el alto oficial del Ejército siguiendo el camino de otros tantos que horas previas habían desconocido a Chávez y exigido su renuncia.

La noche de aquel 11 de abril fue de cuarentena. Todo el mundo encerrado en sus casas pegados a la televisión. Las informaciones iban y venían sobre la renuncia de Chávez, el “bombardeo” al Palacio de Miraflores y los muertos del centro de Caracas; hasta que a las 3:15 am del viernes 12 de abril, Globovisión difundió una imagen del Presidente llegando a Fuerte Tiuna con su boina roja y siendo recibido por los monseñores Baltazar Porras y José Luis Azuaje.

Los canales seguían transmitiendo pronunciamientos militares. El general Bernabé Carrero Cuberos pedía la renuncia del Presidente y llamado a elecciones. El general Francisco Usón dijo que le habló “al amigo de años y le pedí que renunciara”.

A las 3:26 de la madrugada del viernes 12 de abril, apareció el general Lucas Rincón Romero anunciando la renuncia de Chávez y la dimisión del Alto Mando Militar. “Tengan fe en su FAN”, acotó. Media hora mas tarde Globovisión transmite desde La Carlota donde un grupo de opositores dibuja en la fachada principal de esa base aérea, una especie de fosa común con velas prendidas en cada nombre de prominentes dirigentes chavistas.

A las 5:03 am sale en los canales de TV el general Efraín Vásquez Velasco informando que Chávez quedaba bajo custodia de la Fuerza Armada y que “hemos seleccionado a un civil para que se encargue del gobierno provisional”. En medio de la declaración, se acercó Pedro Carmona y pronunció sus primeras palabras como nuevo Presidente hablando de “un gobierno de unidad nacional”.

El decreto

La mañana de ese viernes, en el Palacio Federal Legislativo los diputados de uno y otro sector declaraban como si supieran que Carmona se encaminaba a disolver los poderes, incluido la Asamblea Nacional. “Este es un golpe sui generis”, dijo Víctor León de Proyecto Venezuela. “La Asamblea Nacional no está disuelta, si la junta la desconoce estaríamos en presencia de un golpe de Estado”, apunto Rafael Simón Jiménez (MAS), primer vicepresidente del parlamento. Edgar Zambrano (AD) señaló que “la AN debe seguir funcionando y designar nuevos poderes”.

Willian Lara informó que Chávez no había firmado renuncia alguna contradiciendo así lo dicho a las 6 am por Napoleón Bravo en Venevisión, quien anunció: “tenemos nuevo Presidente”. El fiscal general, Isaías Rodríguez, ofreció una rueda de prensa que fue sacada del aire, pero atinó a decir que Chávez no había renunciado y se estaba en presencia de un golpe de Estado.

En horas de la tarde (4:27 pm) una cadena de radio y televisión transmite la autoproclamación de Carmona desde el Salón Ayacucho del Palacio de Miraflores. Minutos después, Daniel Romero leyó el acta de constitución del “Gobierno de Unidad Nacional”, mejor conocido como “Decreto Carmona”, mediante el cual se destituían de sus cargos al defensor del Pueblo Germán Mundaraín, al fiscal general Isaías Rodríguez, al contralor general Clodovaldo Russián y a los diputados a la Asamblea Nacional. Fueron los anuncios más aplaudidos por el auditorio.

El acto concluyó con la firma de aquel decreto por el monseñor Ignacio Velasco (iglesia), Ignacio Salvatierra (Asociación Bancaria), Manuel Rosales (gobernadores), Luis Enrique Zuluaga (empresarios), José Curiel (partidos políticos), Rocío Guijarro (ONG’s), Miguel Ángel Martínez (medios de comunicación), Carlos Fernández (Fedecámaras) y Julio Brazón (empresarios). Alfredo Ramos fue llamado, pero no se presentó “porque está atendiendo una llamada”, según el narrador.  

A partir de esa hora se iniciaron una serie de allanamientos a dirigentes chavistas a quienes responsabilizaban por las 19 muertes del día anterior en el centro de Caracas. Al respecto el entonces gobernador de Miranda, Enrique Mendoza se presentó en Globovisión para decir que “todo está tranquilo, no está pasando nada, todo es producto de bolas”.

La retoma de Miraflores

Por la noche se oyeron tímidos cacerolazos en El Valle, el 23 de Enero, Petare y otros sectores populares. La embajada de Cuba estuvo asediada por un grupo opositor que buscaba “a Diosdado Cabello y su combo”. Destrozaron carros y cortaron luz y agua a la sede diplomática en una acción dirigida por Henry López Sisco. Incluso el entonces alcalde de Baruta, Henrique Capriles, se montó en una escalera y saltó hacia el territorio de la embajada, acto que le valió un juicio.

La mañana del sábado 13 de abril pequeñas concentraciones chavistas se observaron en Caracas y otras partes del país, especialmente en los alrededores de establecimientos militares. “Queremos ver a Chávez”, era el grito unánime de aquellas manifestaciones, según testigos.  

En la alcabala 3 de Fuerte Tiuna se aglomeró una multitud donde la diputada Iris Varela leyó un acta en la cual se afirmaba que Chávez no había renunciado. Era el acta elaborada por Fiscalía cuando le tomaron declaración a Chávez durante su confinamiento en la Policía Militar.

A las 7 pm de ese sábado se dio a conocer una carta firmada por Chávez donde decía que no había renunciado “al poder que me dio el pueblo”. Ya para esa hora la Guardia de Honor en conjunto con ministros y diputados habían retomado el Palacio de Miraflores. En respuesta a esa acción, la señal de VTV fue sacada del aire, tal como lo había anunciado horas antes Enrique Mendoza, quien prometió “dejar muda” a la televisora estatal.

Minutos antes que tumbaran la señal de VTV, Marisabel Rodríguez de Chávez dijo que “al Presidente le pusieron una renuncia que no firmó y fue incomunicado”. A las 8:53 pm disolvieron la señal de VTV justo cuando Vladimir Villegas se disponía a entrevistar a José Albornoz. Pero a las 9:40 pm CNN transmitió la juramentación de Diosdado Cabello como presidente encargado desde el Palacio de Miraflores. William Lara, presidente de la AN, le tomó el juramento en presencia del defensor del Pueblo, Germán Mundaraín y ministros del gabinete. Fuera del palacio había una multitud.

A las 11:18 pm de ese sábado VTV volvió al aire. En su pantalla se observó a Juan Barreto, Jesse Chacón y María Cristina Iglesias. La primera información que ofrecieron es que Chávez había aterrizado en Maracay procedente de La Orchila.

A las 12:44 de la madrugada Cabello, en cadena radiotelevisada, habló desde el Ayacucho, el mismo salón de Miraflores donde horas antes Carmona se había autojuramentado. “El orden constitucional está restablecido”, dijo Cabello franqueado por William Lara y Germán Mundaraín.

Cuatro horas después, Chávez llegó en un helicóptero a Miraflores. A las 4:25 am ingresó al Salón Ayacucho y es recibido con vivas y aplausos por ministros y diputados. “Jamás me imaginé que regresaríamos rapidito”, dijo el reinstalado mandatario. “Pongamos a Dios por delante”, expresó al momento que sacaba de su bolsillo un crucifijo incrustado en una base azul y plata. Terminó de hablar a las 5:35 am, después de haber estado 48 horas derrocado.

Golpecitos

Entre la noche del jueves 11 de abril y la madrugada del viernes 12, desfilaron por Miraflores diversos emisarios de los militares golpistas atrincherados en el piso 5 del Ministerio de la Defensa que queda en Fuerte Tiuna. Pero los más consecuentes fueron el ministro de Infraestructura, Ismael Eliezer Hurtado Sucre y el general Manuel Antonio Rosendo, jefe del Comando Unificado de la Fuerza Armada (Cufan). Testigos cuentan que, en los pasillos del Palacio, Hurtado Sucre regañó a Rosendo porque no tenía el carro listo para trasladar a Chávez a Fuerte Tiuna y entregarlo.

A Miraflores llegó un fax con el proyecto de renuncia de Chávez. Los golpistas pedían que Chávez se trasladara a Fuerte Tiuna vestido de civil y con la renuncia firmada. Chávez debatió ese punto con los presentes en su despacho: William Lara, el ministro del Interior Ramón Rodríguez Chacín, José Vicente Rangel, ministro de la Defensa y Julio García Montoya, jefe de la guarnición de Caracas. Sugirieron que Chávez encarara a los golpistas, pero sin la renuncia firmada. Chacín se quedó con el fax.

Otro de los negociantes por parte del grupo de golpistas fue el general Rafael Damiani Bustillos, quien acudió a Miraflores a ofrecerle un avión a Chávez para que saliera del país, oferta que el Presidente desechó. Horas más tarde la presión se incrementó con la presencia del general Luis Alberto Camacho Kairuz, viceministro del interior.

A las 2 am del viernes 12 de abril Chávez se retiró solo a meditar sus escenarios. Antes, le entregó su pistola a Rodríguez Chacín. Contaba con 1.800 hombres de Casa Militar. Entre las sugerencias estaba trasladar el gobierno a Maracay. Salió y decidió entregarse a los golpistas. Duró media hora despidiéndose de ministros y diputados. “Volveremos presidente”, le gritó alguien. “No nos hemos ido”, dijo al montarse en el carro con Rosendo y Hurtado Soucre.  Pidió a los negociadores que en Fuerte Tiuna lo recibiera monseñor Hernán Sánchez Porras, obispo del Ordinariato Militar. Pero cuando llegó, estaba era Baltazar Porras y José Luis Azuaje, máximos directivos de la Conferencia Episcopal Venezolana.

A las 5:45 de la mañana de ese viernes 12 de abril, se retiraron del Palacio los padres de Chávez. Los militares le dijeron que Miraflores se había convertido en “tierra de nadie”.

El actor Orlando Urdaneta, estuvo en la Comandancia General del Ejército formando el nuevo gobierno junto a Isaac Pérez Recao, Carmona y Alan Brewer Carías entre otros. Carmona se incorporó luego de una reunión que sostuvo en Venevisión con un grupo de militares y civiles, entre estos últimos, Carlos Ortega. Pero nunca les dijo que se dirigía a Fuerte Tiuna para diseñar el nuevo gobierno, según testigos. Pérez Recao había financiado la marcha del 27 de febrero de ese 2002, día en el cual se produciría el golpe de Estado, según Henry Ramos Allup. Para esa fecha, ya Rosendo había adquirido un lote de armas con dineros del Plan Bolívar 2000, contó el general Rafael Martínez Morales.

Después que William Lara juramentó al vicepresidente Diosdado Cabello como presidente encargado, enseguida recibió dos llamadas telefónicas: una de Eduardo Sapene (Rctv) y otra de Omar Camero (Televen), contó en su momento el entonces presidente del parlamento. Ambos le pidieron protección, ante el giro que habían tomado los acontecimientos, ahora a favor del chavismo.

El viernes 12-A, antes de la autojuramentación de Carmona, Liliana Hernández acudió a Miraflores. La diputada opositora recordó que le sorprendió ver al general Efraín Vázquez Velasco, pieza clave en el derrocamiento de Chávez, recostado de una columna. El entonces comandante general del Ejército nunca fue llamado al despacho de Carmona.

Nicolás Maduro y Cilia Flores llamaron al vespertino El Mundo la mañana del viernes 12 de abril. Contaron que después de despedir a Chavez en la madrugada, salieron de Miraflores para entrar en contacto con el chavismo de base. Relataron que Chávez les encomendó decirle al mundo que todo lo ocurrido se trataba de un golpe propinado por la ultraderecha y debía enfrentarse sin violencia.  «Estamos tranquilizando a la gente; más rápido de lo que piensa la derecha puede perder el poder. Chávez cuenta con los mandos medios de la Fuerza Armada, anoche venían dos batallones desde Maracay y él prefirió devolverlos», contaron. «Le dije a Chavez que dejara a los golpistas consumar su golpe», dijo Maduro quien reveló que habían escapado de un atentado cuando se desplazaban por la Cota Mil. En el vehículo iban los diputados Calixto Ortega y Ángel Rodríguez. 

Cuando Chávez retornó al poder, el general José Vietri Vietri, jefe de la Casa Militar, localizó la banda presidencial que Carmona había dejado abandonada en Miraflores. Era una banda ajustable y decía “Made in España”.

Carmona huyó de Miraflores el sábado 13-A a eso de la 1pm. Salió en un vehículo por la puerta que da hacia el liceo Fermín Toro. A esa misma hora ingresaba al palacio Rafael Vargas, ministro de la secretaria, quien estuvo enconchado durante las horas del derrocamiento de Chávez. Incluso se había pintado el pelo de negro mate para que no lo reconocieran. En cambio, Carlos Aguilera, el entonces director de la Disip, se rapó el bigote, según testigos.

En la casa del cardenal José Ignacio Velasco se celebraron reuniones de militares y civiles para planificar el golpe de Estado. El santo y seña para convocarse era “Zamuro Negro”, seudónimo con el que bautizaron al prelado. Otros cónclaves se celebraron en casa de la diputada Vestalia San Pedro de Araujo (Proyecto Venezuela) pero ya posterior a la autojuramentación de Carmona. A esas últimas citas acudieron diputados chavistas y de oposición, dijeron testigos.

Entre el grupo de militares que planearon y ejecutaron el golpe de Estado figuran los generales Efraín Vásquez Velasco, José Félix Ruiz Guzmán, Manuel Antonio Rosendo, Néstor González González, Ítalo Fernández Rodríguez, Henry Lugo Peña, Rigoberto Vidal, Andrés Eloy González Cárdenas, Enrique Medina Gómez, Rommel Fuenmayor, Carlos Alfonzo Martínez, José Esteban Godoy, Ovidio Poggioli, Guaicaipuro Lameda, Pedro Pereira Olivares, coronel Julio Rodríguez Salas así como los vicealmirantes Héctor Ramírez Pérez y Daniel Comisso Urdaneta. Estos nombres son señalados en el informe de la comisión especial del parlamento que investigó los hechos del 11 de abril, la cual fue presidida por el diputado Edgar Zambrano (AD) y de vicepresidente, Tarek William Saab.

Estos fueron los francotiradores capturados en los alrededores de Miraflores la tarde-noche del jueves 11-A y que posteriormente fueron liberados durante el corto periodo de Carmona Estanga: Nelson Enrique Rosales (Cúcuta, 29 años), Jesús Arturo Meneses (San Antonio del Táchira, 20 años), Jorge Meneses Quintero (San Antonio del Táchira, 18 años), Roberto Francisco Mcknight (Caracas, 30 años), Roger de Jesús Lugo Medina (Punto Fijo, 33 años), Jhon Carlos Muñoz Garzón (Bogotá, 28 años) y Franklin Manuel Garzón (Villa de Cura, 20 años). El detalle es extraído del citado informe de la Asamblea Nacional.

El coronel Jesús del Valle Morao Gardona, comandante del Regimiento Guardia de Honor, fue quien detuvo a Carmona en Fuerte Tiuna delante de Rosendo y Lameda, la tarde del 13 de abril.  

El vicealmirante Héctor Ramírez Pérez, ministro del interior designado por Carmona, confesó que ordenó el traslado de Chávez desde Fuerte Tiuna a Turiamo y luego a La Orchila. “fue una ocurrencia mía”, dijo Ramírez Pérez cuando fue interpelado por la comisión especial de la Asamblea Nacional que investigó el golpe de Estado.

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