11 de Abril: ¿qué dijo Manuel Cristopher de la talanquera?

La historia de lo que sucedió el 11 de abril del 2002, hoy hace ya 18 años, todavía se sigue escribiendo, vuelve cada año con descubrimientos, matices y reinterpretaciones. Así nos topamos con la ironía histórica en las palabras que ofreciera el general Manuel Cristopher, hoy protegido por el gobierno de Donald Trump, en el libro Lealtad a prueba de golpes. Guardianes eternos del legado del Comandante Supremo Hugo Chávez, editado en 2014.

Se trata de una particular definición de la talanquera:

Esas cosas han cambiado. Tanto así que el compañero Eliézer Meléndez y yo hemos tenido la suerte de trabajar juntos en los mismos lugares durante doce años y en algunos momentos reflexionamos al respecto. Sobre eso una vez le dije: “Meléndez, si algún día a mí se me ocurre saltar la talanquera, tienes que apretar el gatillo”. Y me respondió: “¡Usted está loco! ¿Por qué usted me dice eso?”; y le declaré: “¡Porque si tú saltas la talanquera el que va a apretar el gatillo soy yo!”.

La cita en contexto forma parte de la respuesta dada a la investigadora Deyanira Rivero sobre a cuáles principios plegarse que dio al ofrecer su testimonio sobre esos días. Aquí va en extenso:

D.R.: ¿Cuál es el mensaje que usted le daría a la tropa, a la joven oficialidad, incluso a los altos mandos, al pueblo y políticos en general, en esos escenarios de desestabilización golpista? ¿A qué principios plegarse para actuar correctamente?

Cnel. M.C.: A nosotros llegó un mensaje que estaba circulando en la red que destacaba que la historia de Cristo y de Bolívar nos la contaron o la leímos en libros, pero que teníamos el privilegio de vivir la historia de Hugo Chávez. Así es realmente. Venezuela cambió para siempre, dejó de ser sumisa. Muchos conceptos de la administración del personal y de las empresas surgieron del mundo militar, motivado a que quedaron inactivos un grupo importante de generales –luego de la Segunda Guerra Mundial– que fueron enviados a dirigir algunas empresas que no tenían un orden establecido. Los generales tomaron la iniciativa de crear una teoría para normar el comportamiento empresarial y así surgieron cátedras como operaciones, matrices, planificación, etcétera. El mundo civil no es ajeno al mundo militar, solo que tiene unas normas adicionales porque yo como ciudadano venezolano, hijo de esta tierra, tengo que cumplir las disposiciones que ustedes también tienen como ciudadanos. Aparte de esas tengo unas exigencias adicionales que son las de una institución militar a la que pertenezco que, dicho sea de paso, no es democrática. Que se me dé una orden: “¡Mire coronel, usted va a hacer tal cosa!”. Y yo tengo que ir a cumplirla. Ahora bien, esto está motivado por una serie de elementos que debemos tomar en cuenta: el patriotismo, el sentido de pertenencia, el amor a la patria, la convicción de la misión que hoy se me está asignando, la condición de ser un servidor público con características especiales; pero aparte de eso, en el medio militar existían oficiales –y tuvimos la oportunidad de conocerlos– que ejercían la autoridad de forma inmoral. De esos que decían: “Mira nuevo, ven acá, invítame a comer”, u otros que te invitaban a ir a una casa de citas y “chévere, tú pagas porque eres el nuevo, el recién llegado”. Todo eso cambió; si algo nos enseñó nuestro Comandante Chávez fue la moralidad, el humanismo, el respeto al ser humano, dar el ejemplo, de preocuparse por el subalterno. Entonces, por muy jefazo que sea un militar, si no está acorde con estos principios no puede exigirle a un subalterno: “¡Mira nuevo, es que yo soy el superior y mala suerte, haces eso porque me da la gana!”.

Esas cosas han cambiado. Tanto así que el compañero Eliézer Meléndez y yo hemos tenido la suerte de trabajar juntos en los mismos lugares durante doce años y en algunos momentos reflexionamos al respecto. Sobre eso una vez le dije: “Meléndez, si algún día a mí se me ocurre saltar la talanquera, tienes que apretar el gatillo”. Y me respondió: “¡Usted está loco! ¿Por qué usted me dice eso?”; y le declaré: “¡Porque si tú saltas la talanquera el que va a apretar el gatillo soy yo!”. Y creemos en eso: es sagrado para nosotros. Ahora, sagrado en el sentido de que si el otro es menos antiguo que yo tenemos como códigos de conducta que, si hay una verdad, él está obligado a decírmela por más dura que sea. Alguien podía decir: “Lo que pasa es que ustedes son amigos, pero más allá de esa amistad cuando corresponda dar una orden no hay lugar para su discusión”. El Comandante enseñó que hay que ser irreverente en la discusión, pero disciplinado en la acción. Bueno, ese es el mensaje, ni siquiera es mío, yo estoy extrayendo uno de los tantos mensajes que dejó ese gigante que es mi Comandante Chávez. Por ahí debe estar escrito: podemos debatir, pero en el momento que se toma la determinación de hacer tal cosa se tiene que cumplir sin menoscabo, sin dudas, sin titubeos.

El libro completo en pdf puede descargarse aquí.

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