De cómo el Grupo de Lima y Prosur se diluyeron a partir de la pandemia

Prosur fue ideado por Piñera y contó con el apoyo de Duque

La crisis provocada por la pandemia del covid-19 y las consecuencias de los problemas internos colombianos han dejado en evidencia la ausencia de un foro que aborde estas dificultades y que genere soluciones coordinadas entre los gobiernos de la región.

En la década pasada -llamada época dorada suramericana-, la región contaba con la Unasur, organismo que permitió elevar la coordinación entre los gobiernos sin importar su ideología política, para enfrentar los desafios del mundo que están en constante cambio.

Desmantelamiento de la Unasur

Este vacío se suscitó tras el auge de gobiernos de derecha en la región que inició una operación de desmontaje de la Unión de Naciones Suramericanas (Unasur), organismo edificado por el empuje de la triada compuesta por Hugo Chávez, Luiz Inácio “Lula” da Silva y Néstor Kirchner, quienes presidían los gobiernos de Venezuela, Brasil y Argentina, respectivamente.

Este desmontaje que se inició en 2015 tuvo como principal protagonista a Mauricio Macri, quien desestimó una política de fortalecimiento de la Unasur y mostró su interés en el ingreso de Argentina de la Alianza Pacífico. A esto se sumó el golpe contra Dilma Rouseff en 2016, que instaló en Brasil al gobierno de facto de Michel Temer que adoptó posiciones contrarias al fortalecimiento del bloque regional.

A la par que se iba orquestando esta operación de desmontaje bajo la presidencia protémpore de Argentina, durante una reunión de cancilleres de la Alianza Pacífico surge la propuesta de crear un grupo de países para “defender la democracia en Venezuela”, al que decidieron llamar “Grupo de Lima”, donde todos los gobiernos de derecha del continente se agruparon en una especie de cofradía que tendría como principal objetivo alcanzar un cambio de gobierno en la nación venezolana.

Sin consenso para la elección de un secretario general, la llegada de Donald Trump a la presidencia de Estados Unidos y el viraje que escenificó Lenin Moreno en la presidencia de Ecuador marcaron el fin de la alicaída Unasur que en el 2018 vio como Argentina, Brasil, Colombia, Paraguay, Chile y Perú anunciaban su salida del bloque bajo la acusación de ser un organismo con marcada tendencia ideológica y como punto cumbre Ecuador desmantelaba la sede de este sueño de unidad del sur.

El Grupo de Lima y el antivenezolanismo

El 8 de agosto de 2017, los cancilleres de Argentina, Brasil, Canadá, Chile, Colombia, Costa Rica, Guatemala, Honduras, México, Panamá, Paraguay y Perú, se reunieron para tratar la “crisis venezolana”, surgiendo la llamada “Declaración de Lima” donde condenaban al gobierno venezolano y desconocían sus instituciones bajo la premisa de “haber roto el orden democrático” tras la instalación de la Asamblea Nacional Constituyente que trajo consigo el fin de la agenda desestabilizadora que desarrollaban en el país la extrema derecha venezolana con las denominadas “guairmbas”.

Esta constante condena y desconocimiento a la institucionalidad venezolana han sido la tarea primordial de un “grupo” que se ha ido desmantelando en la medida en que llegan nuevos gobiernos de centro y progresistas. La primera gran partida se dio con la salida de México y la estocada más reciente fue la desincorporación de Argentina, dejando a este grupo sin el apoyo de estos países que políticamente son muy influyentes en el continente por su peso económico y político.

Sumado a esto, las crisis políticas y sociales que ahogan a Perú, Ecuador, Brasil, Honduras, Haití y las constantes violaciones de derechos humanos en Colombia contra líderes sociales y firmantes de la paz, han silenciado a este grupo que ha visto como única bocanada de oxígeno el triunfo de Guillermo Lasso en Ecuador, en medio de lo que parecía un retorno de gobiernos progresistas en el continente.

El Prosur de Piñera y Duque

Tras dar muerte a la Unasur en su reemplazo los presidentes de Colombia y Chile, Iván Duque y Sebastían Piñera respectivamente, lanzan la propuesta de un nuevo bloque regional al que decidieron llamar Foro para el Progreso de America del Sur (Prosur) el cual realizó su primer encuentro en marzo de ese mismo año con la participación de sus impulsores, así como de los gobiernos de Argentina, Brasil, Chile, Ecuador, Paraguay y Perú.

La primera presidencia de este organismo desde su creación la ostentó Sebastián Piñera y en diciembre de 2020 le entregó el testigo a Iván Duque en una reunión virtual donde sobraron los aplausos y escasearon los logros obtenidos por esta propuesta de integración de tendencia conservadora.

El estallido social en Chile, los asesinatos de líderes sociales en Colombia y la llegada del covid-19 al continente han sido algunos de las situaciones regionales que este foro ha abordado sin ninguna decisión o acción concreta, mientras que otras simplemente son ignoradas.

En la actualidad suramérica enfrenta una crisis sanitaria como consecuencia de la actuación irracional del mandatario brasileño Jair Bolsonaro, quien convirtió al Brasil en el epicentro mundial de la pandemia y en un peligro para la región que ha visto propagar dos variantes surgidas en el gigante del sur que son altamente contagiantes y más mortales, hecho que deja en evidencia la ausencia de organismo que permita coordinar políticas en común para proteger a los suramericanos.

Una pandemia diluyente

En 2009, la región a través de Unasur acordó la compra de las vacunas para la gripe AH1-N1, hecho que convirtió a Suremáerica en referencia de coordinación y voluntad política para enfrentar este virus, hecho que colocó a la región como la menos afectada por esa pandemia.

11 años después en medio de la crisis provocada por la pandemia del covid-19 y el terremoto político que han vivido algunos de sus miembros, el Grupo de Lima y Prosur han dejado en evidencia su ineficacia política que estaría asociada principalmente a la ausencia de un proyecto futuro y la carencia de un liderazgo que promueva la integración más allá de las posturas ideológicas de los gobiernos que conforman la región.

Sobre la pandemia, Prosur en una escueta reunión en la que practicamente hablaron sus promotores Piñera y Duque, solo se señaló la importancia de las vacunas anticovid sin que se sellara un acta compromiso para garantizar una coordinación que facilitara que sus países miembros tuvieran una sola voz ante el mundo, situación que ha hecho que Chile se destaque por un proceso de vacunación rápido, mientras Colombia se hunde en la desatención y la ausencia de los antígenos, debido a que cada país negoció por su cuenta y según su disponibilidad de capital.

En cuanto al Grupo de Lima, la situación de ineficiencia y ausencia de coordinación es aún mayor porque no ha existido pronunciamiento alguno en torno a la pandemia, salvo en abril de 2020 para advertir sobre el peligro de la pandemia en Venezuela, pronunciamiento que pese a ser muy prematuro debido a que la pandemia apenas llegaba al continente, no dejaba de lado los apocalípticos escenario sobre el país.

Este escenario planteado contra Venezuela quedó en el olvido debido a la excelente gestión que ha hecho el Gobierno de Nicolás Maduro en torno al manejo de la pandemia que ubican al país entre los menos afectados por este virus, a diferencia de Brasil, Chile, Colombia, Perú y Ecuador, quienes han sido desbordados, sin que esto haya promovido a un pronunciamiento o al menos una reunión de coordinación para fijar políticas comunes que permitan afrontar esta crisis sanitaria.

Hoy suramerica subyace ante una crisis política, social, económica y sanitaria sin una política común para enfrentar los retos que plantea el mundo post covid, todo como consecuencia de la ausencia de visión política y estratégica de una derecha que solo se unió bajo un solo objetivo; derrocar al Gobierno venezolano y sumirse a los planes del Departamento de Estados de los Estados Unidos bajo la premisa; América para los americanos.

 

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