Elliott Abrams: el rostro de una guerra de amenazas y mentiras

La política que contra Venezuela ha puesto en marcha la administración de Donald Trump desde 2017, tiene varios campos de batalla que abarcan desde lo económico hasta lo mediático.

En este último, al que muchos definen como la “guerra de quinta tecnología”, el gobierno norteamericano ha probado a varios miembros del ala ultraderechista como son Rex Tillerson en 2017; Marco Rubio en 2018 y en 2019 optan por Elliott Abrams, a quien designan como “enviado especial para Venezuela”.

Desde su nombramiento, Abrams se ha convertido en el vocero del gobierno estadounidense dedicado a recorrer medios, simposios y foros donde se “analiza” la situación venezolana, donde aprovecha para poner en práctica su estrategia de amenazas de toda índole contra el país.

Halcón imperial

El historial político de este hombre de origen judío nacido en Nueva York el 24 de enero de 1948, está muy ligado a América Latina, donde Abrams es mencionado en varios procesos puesto en marcha por EEUU contra gobiernos que consideraban “hostiles” a sus intereses.

Sus funciones han estado vinculadas a las administraciones más intervencionistas de las últimas cuatro décadas, como fueron las de Ronald Reagan, George W. Bush y ahora Donald Trump.

Reagan. En esta administración ejerció como subsecretario de Estado, donde fue principal promotor de la guerra contra el Gobierno sandinista en Nicaragua, con la ejecución de la operación Irán-Contra; que consistió en la obtención de recursos a través de la venta ilegal de armas y el tráfico de drogas, para financiar a grupos paramilitares que intentaban derrocar al presidente nicaragüense Daniel Ortega.

Producto de esta operación ilegal, en 1991 fue condenado por mentir ante el Congreso de EEUU, logrando evadir la sentencia gracias al indulto otorgado por el entonces presidente George Bush padre, quien había sido vicepresidente del gobierno de Reagan y por ende jefe de Abrams.

Bush. Pese a la poca reseña de la que fue objeto durante su paso por esta administración, el estratega neoyorkino, ocupó el cargo como Consejero para la estrategia de Democracia Global, desde donde fue uno de los artífices del golpe de Estado del 11 de abril de 2002 en Venezuela, tal como lo reveló el periódico británico The Observer, al señalar las reuniones que habían sostenido algunos de los golpistas con “asesores” estadounidenses, entre los que se encontraba Abrams.

Tras el fracaso de esta acción golpista, es removido del cargo y designado Director de Oriente Medio y Norte de África en el Consejo de Seguridad Nacional, desde donde participó en los planes previos que conducirían a la invasión de Irak de 2003.

Portavoz para Venezuela

Tras años de ausencia como consecuencia de la llegada de Barack Obama a la presidencia de EEUU, el 25 de enero de 2019, a tan solo dos días de producirse la autoproclamación de Juan Guaidó, el secretario de Estado, Mike Pompeo anuncia la designación de Elliott Abrams como “enviado especial para Venezuela”.

El halcón llegaba con la misión de motorizar la estrategia que en los días subsiguientes iniciaría la administración Trump para derrocar al Gobierno venezolano, utilizando para ello a Guaidó.

Durante el año y medio en el que ha desempeñado este cargo, Abrams se convirtió en el portavoz de la política de bloqueo, acusaciones y amenazas contra Venezuela.

El garrote y la zanahoria

Un viejo cuento popular señala que para hacer mover a un burro no basta solamente con golpearlo con un garrote. Resulta más efectivo si, además, existe el incentivo para hacerlo: una zanahoria.

Este sistema ha sido el empleado por Abrams en su discurso, que es una especia de compuesto que varía de acuerdo a la posición de ventaja o desventaja en que se encuentren los planes sobre los que avanza la administración norteamericana, tal como se muestra en los episodios descritos a continuación:

Ingreso de “ayuda humanitaria”. Durante el periodo previo a esta acción pautada para el 23 de febrero de 2019, Abrams dedicó su acostumbrada agenda mediática a la propuesta de amnistía para los militares venezolanos que se sumarán a la acción, discurso que cambió radicalmente tras el fracaso de ese plan, pasando a la amenaza y la solicitud de “sanciones” contra funcionarios del Gobierno y “mayor presión” contra el país.

Golpe militar frustrado. Ya para mediados de marzo de 2019, se registra un viraje en sus declaraciones donde retornó la propuesta de amnistía a militares y hablaba sobre la importancia de incorporar al PSUV al futuro “gobierno de transición”.

“Esto debe ser parte de una transición hacia la democracia estable y, luego, reunirnos con los chavistas para darles este mensaje. Ellos tienen una tarea difícil, el PSUV debe convertirse en un partido democrático funcional”, dijo, propuesta que cambió radicalmente tras el fracaso del golpe militar, al exigir a la Unión Europea más sanciones contra Venezuela.

Guaidó sin presidencia. La llegada del 2020 sorprendió a los EEUU, cuando diputados opositores decidieron no reelegir a Guaidó al frente de la junta directiva de la Asamblea Nacional, hecho que provocó la activación de “sanciones” contra parlamentarios de la derecha y el retorno al discurso belicista del portavoz que el 10 de enero comenzó a hablar sobre intervención militar.

Incursión armada. Los días previos a la fallida incursión mercenaria marítima del 3 de mayo de 2020, Abrams retomó el discurso dócil y el 31 de marzo, anuncia la existencia de un “Marco para la Transición”, donde vuelve a plantear la amnistía para militares y la “importancia” de incorporar al PSUV al gobierno post Maduro.

“Lo que podemos hacer es hablar del gobierno de transición con otra gente en el partido Psuv, en el gobierno”, dijo el 22 de abril en entrevista con un medio digital venezolano, y el 1 de mayo a pocas horas de la acción fallida, aseguró en una conversación online con el centro de pensamiento Hudson Institute, que EEUU se preparaba para reabrir su sede diplomática en Caracas, anuncio que fue enterrado con el fracaso de los mercenarios.

El desesperado “bluf”

Tras este nuevo fracaso, se vino un silencio, que fue interrumpido por la caída estrepitosa de Donald Trump en las encuestas, que con el tiempo contado y sin solución inmediata, optó por la retoma del discurso belicista, para ganar el voto de los extremistas de la Florida y generar terror en la población venezolana.  

Es así como en los últimos días, se observa a un Elliott Abrams convertido en un portavoz más de la campaña trumpista, anunciando planes poco novedosos como una ofensiva comunicacional –emulación de la Radio y Tv Martí miamera de la década de los 80 contra Cuba-, y “revelando” una nueva estrategia de “aislamiento” contra Venezuela, que asegura, ahora sí, dará al traste con el Gobierno de Maduro.

Todo este accionar mediático de Abrams, -sin sustento en la realidad que afronta la administración Trump, producto de la crisis del Covid-19, la caída del empleo y las revelaciones de sus más cercanos colaboradores que erosionan la credibilidad del magnate-, refuerza la tesis que tienen políticos y analistas en el mundo que acusan a los funcionarios del gobierno trumpista de ser puro “bluf”.

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