Hoy conspiran las mismas caras que lo hicieron el 11-A

Exigían renuncia del Presidente los mismos que hoy dan rostro a la crisis

Desde el golpe de Estado que en 2002 derrocó brevemente al presidente Hugo Chávez, del cual se cumplen 19 años este domingo, la oposición de entonces, remasterizada, pero con los mismos protagonistas al frente y tras bastidores, mantiene la ruta violenta, y con saldos fatales, para hacerse con el poder por vías no electorales.

Pero la violencia no se ha ejercido sólo con tanques y rifles como en abril de 2002. Arrinconar a la ciudadanía, secuestrar recursos, destruir la economía y aislar al Gobierno son los atajos que toman.

En el inventario de los más fanáticos intentos conocidos, hay incursiones marítimas con mercenarios contratados en EEUU e intentos de incursión con camiones desde Táchira, pasando por militares desertores agazapados entre guacales de plátanos y apertrechados con fusiles robados de depósitos del Servicio Bolivariano de Inteligencia Nacional, intentando un golpe desde el distribuidor Altamira para que se fugara un convicto, hasta un ataque con drones explosivos para borrar de un plumazo a toda la alta plana del Estado nacional y al cuerpo diplomático acreditado en Caracas, e intentos de bombazos en edificios públicos abarrotados de gente.

También se han usado tácticas de los llamados golpes blandos en pro de una versión caribeña de la llamada primavera árabe que derrocó Gobiernos y torció el mapa político del Medio Oriente, convirtiéndolo en un polvorín al borde de estallar, sobre el que iraquíes, sirios, libios y otras víctimas deben sobrevivir, en las ruinas de lo que fueron sociedades y culturas prósperas y ejemplares, antes de la injerencia de EEUU y la Unión Europea.

Aquí las guarimbas se volvieron el atajo favorito a Miraflores, ese que inició en 2002.

Si bien se habían usado contra Chávez, tras su fallecimiento se convirtieron en sinónimo de muerte y destrucción; de personas quemadas vivas por “parecer chavistas” o degolladas con guayas colocadas por los manifestantes pacíficos.

Génesis

Quizá se pueda ubicar el génesis de la conjura contra el proyecto bolivariano en el Congreso de Venezuela que en 1992 condenó la asonada golpista donde se oyó por vez primera de Hugo Chávez.

La derecha criolla y sus partidos tradicionales, AD y Copei, condenó el golpe fallido y a quienes lo dieron.

Esos partidos, y sus derivados (Primero Justicia, Voluntad Popular, Un Nuevo Tiempo) junto a quienes dentro y fuera del país perdieron privilegios, dieron su propio golpe 10 años después, pero el de ellos no falló, al menos por 47 horas.

Tras el 4F Chávez pagó cárcel y emprendió la ruta electoral y fue el más votado en la historia de Venezuela hasta esa fecha. Quienes lo derrocaron a él optaron por la abstención, la no participación y más golpes frontales o solapados.

Respuesta a los golpes

“Mueran los golpistas”, gritó en 1992 el senador por AD, David Morales Bello, repudiando al senador vitalicio y ex presidente Rafael Caldera quien pedía a jefes de Estado que se solidarizaban con el entonces presidente Carlos Andrés Pérez, entender que era “difícil pedirle al pueblo que se inmole por la libertad y la democracia cuando piensa que la libertad y la democracia no son capaces de darle de comer. ¡la democracia no puede existir si los pueblos no comen!”, dijo ese 4F, y el Parlamento firmó unánimemente la condena al golpe y encarcelamiento de los alzados.

Pero en 2002, tras asesinar a sus propios seguidores, derrocar a Chávez, cazar sin orden judicial a ministros, diputados y figuras del chavismo y asediar e invadir una embajada, el presidente dio una amnistía.

En 2002 Julio Borges, Leopoldo López (de quien Juan Guaidó es fiel pupilo), Henrique Capriles y otros exigían con tanques apuntando a Miraflores rodeado de gente, “tiene que renunciar el presidente”. Ellos mismos, una vez perdonados, siguen, en complicidad con Gobiernos extranjeros, su libreto con golpes armados, usurpación de funciones ataque a la economía y robo y secuestro de activos en el exterior pero igual no logran llegar.

Y es que por CAP nadie salió a las calles en 1992, mientras que por Chávez en 2002 se volcó un escudo humano voluntario a defenderlo el 12 y el 13 para que él siguiera siendo presidente y 19 años después el pueblo resiste todavía.

Golpe intensificado tras la partida de Chávez

  • Descarguen esa arrechera 2013 .Tras ganar Maduro, Capriles llama a la violencia (11 muertos, 78 heridos).
  • La salida 2014. Ascenso en la MUD de Leopoldo López, quien llamó a las calles por “la salida” del Presidente (violencia y destrozos).
  • Guarimbas 2014. Cierre de calles, violencia a personas e instituciones, de febreo a junio, con batallas campales (43 muertes, miles de heridos, millones en destrozos).
  • Guerra económica 2014-15. Desabastecimiento inducido, destruir el poder adquisitivo (hambre, enfermedades, desnutrición, migración forzosa, hiperinflación).
  • Guarimbas 2017. Reedición de la violencia callejera que se frenó con la llegada de la Constituyente (93 muertes, ataque al TSJ y a cuarteles).
  • Drones 2018 Magnicidio frustrado bombas a la plana mayor del Estado (7 heridos).
  • Autoproclama 2019 Se autojuramenta Guaidó (robo de “ayudas” secuestro y desfalco a activos).
  • Guacales 2019. El 30 de abril, Guaidó libera a López y junto a desertores se alzan en Altamira tras el fracaso del ingreso de camiones.
  • Gedeón 2020. Intento de incursión marítima para asesinar al Presidente.
Pedro Carmona fue el más visible.

Sin importar quién esté, la Casa Blanca sigue el guion

Pedro Carmona Estanga fue sin duda la cara más visible del 11 de abril de 2002.

Se recuerda muy bien su autojuramentación como presidente de facto tras el golpe de Estado que derrocó al presidente Chávez, luego de la masacre de puente Llaguno y bajo la amenaza de bombardear el palacio de gobierno.

Luego se confirmó el apoyo logístico, económico y político de la Casa Blanca que por aquel entonces ocupaba George Walker Bush.
Carmona gozó de inmediato, a través de un comunicado, del reconocimiento de EEUU y España, luego de la UE y El Salvador, y declaraciones desde Chile que hablaban de él como mandatario legítimo.

Carmona juró sin Biblia, Constitución o proclama electoral y dijo haber llegado por un “proceso de profundas raíces democráticas” que lo facultaba a “un amplio mandato de manos del pueblo venezolano”.

Lo aplaudieron empresarios, dueños de medios privados, partidos políticos de oposición, los militares que dirigieron el golpe y la alta jerarquía de la Iglesia Católica en Venezuela, los mismos que corrieron al saber que Chávez volvía.

“En ocasiones tenemos que torcer el brazo a los países si no quieren hacer lo que queremos”, advirtió el sucesor de Bush, el presidente Barack Obama, y luego declaró a Venezuela, en marzo de 2015, “amenaza inusual y extraordinaria”, base sobre la que el presidente Donald Trump, después de Obama, sumó las más asfixiantes medidas coercitivas, mismas que el actual presidente de EEUU, Joe Biden, continúa.

Bush apoyó el golpe de 2002 y los paros patronales y petrolero, Obama a las guarimbas de 2014 y Trump a las de 2017, la autoproclamación y el robo de activos en el exterior y Biden va por el mismo camino.

Los que aplaudieron el 11 y corrieron el 13, y reconocieron a Carmona durante 47 horas, siguieron de protagonistas en paros, guarimbas, sabotajes, bombas en edificios o en drones, incursiones con camiones, lanchas y mercenarios.

 

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